El otro día me contaron que, desde la Cooperativa Altavoz, a veces utilizan un fragmento de la película “Astérix y las 12 pruebas” de 1976 para hablar de la accesibilidad cognitiva. Lo he estado viendo y se me ha ocurrido analizarlo en un artículo.

La accesibilidad cognitiva es la propiedad de los entornos, objetos, servicios… que son fáciles de comprender. Nos beneficia a todas y todos, pero especialmente a perfiles como los de las personas con discapacidad intelectual, niñas y niños, personas mayores, migrantes, etc.

No he visto la película entera pero comprendo que trata de Astérix y Obélix intentando pasar 12 pruebas absurdas como ésta.

La que nos ocupa se titula “La casa que enloquece”. La prueba es presumiblemente sencilla: consiste en entrar a una casa y conseguir el formulario para solicitar permiso para realizar la siguiente prueba.

¿El problema? Pues que la administración romana es muy poco comprensible y así podemos comparar esta escena, que se burla de la burocracia, con situaciones que ocurren en cualquier otra administración.

Os dejo el vídeo.

Aquí mis comentarios:

Astérix y Obélix escuchan la siguiente prueba La accesibilidad cognitiva no trata sólo de que hagamos el propio formulario fácil de entender, sino que hagamos todo el proceso fácil de entender: el propio espacio, el trato que nos dan las personas… Por ejemplo: si haces un folleto fácil de entender pero lo cuelgas en una web complicada: ¿cómo lo descargarán las personas?
Hombre con sombrero de papel ¿Por qué hay que realizar una formalidad administrativa para realizar la siguiente prueba? Si no es necesaria, se debería eliminar esa formalidad. Si lo es, se debería explicar por qué.
Hombre tira de un carro con un caballo montado en él Los protagonistas deben conseguir la forma A38. Debemos cuidar los nombres de las cosas: ¿qué significa ese nombre?, ¿por qué no le ponen un nombre informativo y fácil de recordar?
Edificio con muchas ventanas, escaleras y ninguna señal fuera. Es la casa que enloquece La escena no se para nada en esto, pero entran a un edificio que no tiene rótulo exterior que lo identifique, los primeros pasillos tampoco tienen carteles y ¡encima! hay unas largas escaleras. Vale, estamos hablando de la accesibilidad cognitiva, pero también nos podemos fijar en la accesibilidad física, ¿no?
Astérix habla con el ujier de la casa que enloquece La amabilidad es parte de la accesibilidad. El primer personaje al que se dirigen es desagradable. Si el entorno es molesto y tiende a tensarte y confundirte, lo más probable es que la situación no facilite la comprensión. El empleado está centrado en responder robóticamente, no en comprender lo que realmente necesitan los personajes.
Astérix habla con el ujier ¿Os acordáis de lo que decíamos del nombre del formulario? El ujier lo identifica con un formulario para matricular una galera, pero los protagonistas no quieren ese formulario. Si no tienen más información del formulario, ¿cómo saben dónde está el error: en la información dada previamente o quizá este hombre confunde formularios?
Astérix y Obélix caminan por un pasillo A continuación, les dan unas instrucciones demasiado largas para recordar por ciertas personas: “Vayan a la ventanilla 1 por el pasillo de la izquierda. La última puerta a la derecha”. Yo, además, añadiría un verbo y cambiaría el orden para que fuera cronológico: “Vayan por el pasillo de la izquierda. En la última puerta a la derecha, pídanlo en la ventanilla 1″.
Obélix tantea la pared para ver si la puerta está oculta El absurdo empieza a aumentar: no hay ninguna puerta a la derecha en ese pasillo. ¿De quién es el error? ¿Cogieron mal el pasillo? ¿El empleado se equivocó? Obélix incluso tantea la pared para ver si la puerta está oculta.
Mando de la administración romana se columpia en una oficina, empujado por lo que parece una secretaria Prueban con la puerta más cercana de la izquierda y encuentran a un mando columpiándose dentro de la oficina. Evidentemente es una exageración humorística, pero encontrar cosas o comportamientos que no esperamos o no encajan también refuerza la inaccesibilidad.
Puerta sin señalización El mando les pregunta quién les dio permiso para entrar a la oficina, pero también es verdad que no hay ninguna señalización de cómo se debe usar el espacio y qué está prohibido hacer. Si nos fijamos en la puerta, no hay ninguna indicación. La accesibilidad cognitiva aumenta al informar sobre los valores del entorno.
El mando les indica dónde está el plano sin bajarse del columpio El mando les recomienda consultar el plano… ¡en el sexto piso! Los recursos para orientarse deben estar en los puntos de acceso, encrucijadas… no deben esconderse. Aunque parezca exagerado, sí que existen ejemplos reales de oficinas de información de espacios que se encuentran lejanas a la planta de acceso, por ejemplo.
Obélix cuenta con los dedos junto al cartel con el número romano del cuarto piso Vemos que Obélix se confunde con la numeración romana, especialmente con el cuarto y sexto piso, ya que se escriben de forma muy similar: IV y VI. Seguramente, cuando inventaron los números romanos, no estaban pensando en la accesibilidad cognitiva. De hecho, si queremos facilitar la lectura, no se recomienda usarlos.
Plano con muchas ventanas, flechas, puertas, escaleras... El plano es incomprensible, pero igual que el propio edificio: las ventanillas están desordenadas, hay muchas puertas, flechas, escaleras… Obélix no entiende nada, pero Astérix parece saber interpretarlo.
Astérix y Obélix bajan la escalera de nuevo Según si interpretación, la ventanilla 1 está en la planta 1, así que ahora deben volver a bajar todas las plantas y, por tanto, aumenta su cansancio tanto físico como psicológico al alargarse la búsqueda.
Espacio con carteles con 9 flechas en poco espacio y que señalan en diferentes sentidos Al entrar a otro espacio, observamos que tras una larga ausencia de señalización, en éste se acumulan las flechas para todos los sentidos posibles. El exceso de señalización también puede empeorar la accesibilidad cognitiva.
La empleada de la ventanilla 1 señala a la derecha Después de conseguir llegar a la ventanilla 1, al parecer la indicación que seguían todo el rato era errónea: debían ir a la ventanilla 2. Fijaos en que la empleada señala a la derecha y confunde a Astérix.
Ventanilla 8, con una señora tejiendo La ventanilla 2… ¡no está consecutiva! La siguiente es la ventanilla 8. Esto de no numerar las ventanillas de forma consecutiva, aunque sorprenda, también es algo habitual. En otra escena también vemos la ventanilla 2 junto a la ventanilla 26.
Empleada de la ventanilla 1 La empleada desconoce información necesaria: no sabe dónde está la ventanilla 2. Esto puede ocurrir en la realidad con información muy complicada, pero es sorprendente que -en muchos casos- las personas que atienden un entorno no conozcan información que les suelen consultar de forma habitual. Quizá este no sea el caso, pero yo lo apunto.
ujier con el prefecto, astérix y obélix Aparece el prefecto y al empleado desagradable no se le ocurre otra cosa que culpar a los protagonistas porque no entiende lo que le están solicitando. Al final contesta sólo para agradar al prefecto. Les manda a la planta 3. Se podría decir que el trato discriminatorio también produce confusión y tensión que empeoran la accesibilidad, ¿verdad?
Empleadas de las ventanillas 2 y 26 parlotean Las empleadas mantienen una conversación personal entre ellas y no atienden. De hecho, gritan a Astérix para que se calle. Otra falta de respeto.
obélix con un montón de formularios Al final, la empleada le espeta que no puede facilitar el formulario A38 sin el formulario azul. Vemos que, desde el principio, las instrucciones eran demasiado vagas… Deben volver a la ventalla 1 para conseguir el formulario azul. La ventanilla 1 está cerrada porque la empleada ha salido a comer. Deben ir a la ventanilla 35. Luego deben conseguir un formulario rosa en el piso 2 con unas largas indicaciones para llegar. Y así se suceden varios colores de formularios y ventanillas con extensas indicaciones.
Caos: personas con trompetas, tirando cosas, tapándose la cara, gritando... Cuando empiezan a enloquecer y se dan cuenta de que el brebaje mágico no es útil en esta prueba, se les ocurre la forma de vengarse: inventar un nuevo formulario. el edificio entero acaba en caos burocrático tratando de informarse.
el prefecto le da el formulario a astérix Después de todo, consiguen la forma A38 de una manera no tiene nada que ver con las indicaciones recibidas: pidiéndosela al propio prefecto. La propia incoherencia del sistema también produce confusión.
El prefecto enloquece El propio prefecto enloquece con la situación. Así, la escena acaba como empieza: con los efectos de la escasa accesibilidad cognitiva. La confusión, enfado y el enloquecimiento. Lo triste es que, al final, la inaccesibilidad produce en muchas personas a menudo el abandono de un entorno, objeto, servicio… que probablemente tenemos derecho a usar.