Acudo a las naves de Gamazo como parroquiana de un bar. Peregrino allí una vez al año. Hay una muestra de fotografía de animales en santuarios. Me impacta el estilo. Son casi cuadros.
— Son retratos de tanta dignidad que te los podrías esperar en un palacio -le describo a una amiga.
Las poses. Las miradas. Los fondos. Los colores. Hasta los marcos. Al contrario de la mayoría de publicaciones animalistas, que reflejan penuria y sufrimiento, esta mirada les confiere majestuosidad.
Entonces recuerdo el título de la exposición: “Persona”.
Pienso divertida en lo que habría dicho mi madre:
— ¡Parecen personas!
Y añado a mi amiga:
— Es que hay quien critica a otras personas porque tratan a los animales como a personas. Y luego también están las personas que critican a otras por tratarlas “como animales”.

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