Traigo la mochila llena de agujetas. La dejo tirada. Me quito las sandalias. Echo el toldo del balcón. Me sirvo un vaso de gazpacho.
Noto cómo mi cuerpo va a protestar en breve. Durante la caminata dudé varias veces de si sería capaz de terminarla. Qué curiosa la palabra “agujetas”. Supongo que vendrá porque da la sensación de sentir miles de pinchazos diminutos. Al parecer, popularmente se pensaba que el dolor se debía a la cristalización del ácido láctico. Esos cristales eran, en la imaginación de esa gente, pequeñas agujas que se clavaban al moverse. Pero resulta que la ciencia moderna señala que en realidad lo que tenemos son micro roturas.
El caso es que, pinchazo o rotura, las agujetas aparecen tarde. Son un dolor que llega cuando el esfuerzo o el movimiento ya ha terminado.

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