Es una de esas costumbres de pueblo o ciudad pequeña. Visitar el pantano, tanto cuando tiene poca agua como cuando ha llovido mucho. Cada ciudadana y ciudadano, con seriedad profesional, verifica el nivel de agua embalsada. Murmurando y lamentando en tiempo de sequía. Suspirando de alivio o incluso celebrando con fotos y vídeos, en tiempo de lluvias.
“Vamos a ver cómo está el Quiebrajano“, se dice por Jaén.
Parece como si tuvieras papeleo en la oficina o casi pleno ministerial; pero en realidad te vas de excursión sencilla, a papearte un bocata a la vera del agüita tras sobrevivir a una corta carretera de temibles curvas.
He hecho un vídeo cutre. Si os apetece verlo, fijaos en:
a) Los escarpados y preciosos paisajes
b) La ruinosa carretera
c) El final: es espectacular
El pantano del Quiebrajano está a sólo unos 20 kilómetros de la ciudad. Más allá de una zona famosa conocida como La Cañada de las Hazadillas (pronúnciese Lacañáh lahzahillah). Famosa, decía, para el senderismo y, sobre todo, recordada por las dilatadas comidas de entrañables domingueras y domingueros.
Una nota que desconocía: el río del Quiebrajano también es conocido como Valdearazo.

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