Es el tiempo de las niñas y los niños con guantes blancos. Barras en la calle. Hits de verano en primavera. Cruces apuñaladas de claveles.
Si una marciana aterrizara por Jaén una noche de éstas, al observar la juerga, las flores y las cruces, sacaría la conclusión de que el catolicismo es más bien una especie de fiesta tapadera. Una excusa de verbena. La religión del alcohol.
Mientras, la marciana estudiaría también otras tradiciones menos cinceladas. El concierto de la banda de música para los patos del parque. Todos los domingos, sin falta. Y los viejos videojuegos. Con esos malos malísimos de la pantalla final.






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