Se convierte en una tradición. Por tercera vez, he conocido a la selección española de fútbol que competirá en el mundial de personas sin hogar de Suráfrica.
Dos cosas me han pasado. Una, encontrarme con esta señora, una de las primera mujeres que entrevisté en temas de personas sin hogar, subdirectora de un conocido albergue de Madrid.
Vamos, que ha sido un poco como recordar mis primeros pasos como periodista social y como voluntaria en este campo.
La recuerdo especialmente porque estaba un poco cansada de estudiantes como yo que iban al albergue a preparar sus trabajos para la facultad. Así que le di ánimos y le dije que a lo mejor sirvió para algo.
Otra noticia ha sido no encontrarme con El Chino. Era uno de los chavales que estaban en la zona donde yo era voluntaria. Jugó dos veces en la selección.
La primera vez que me lo encontré en el equipo, me llevé una grata sorpresa. La segunda, cuando me vió, huyó de mí. ¿Fue por vergüenza porque había empeorado?
Hoy me preocupó que ni siquiera estuviera allí. Pero luego pregunté a un compañero y me explicó que ahora trabaja. Está muy bien, en una pescadería.
¡Por cierto! Tal y como van las cosas deportivamente en España, muchos y muchas ya apuestan por dedicarse al básquet definitivamente.




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