El psiquiatra Luis Bonino los define como prácticas de dominación masculina en la vida cotidiana, que son imperceptibles y están en los límites de la evidencia.

Son microabusos y microviolencias que atentan contra la autonomía personal de la mujer convirtiéndola siempre en acusada: «Qué sabrás, calla la boca, no tienes ni idea, siempre lo exageras todo, estás loca». Tienen múltiples formas.

Una manifestación muy cotidiana de estos abusos es el uso expansivo del espacio físico. Éste se concibe como posesión masculina y se da por hecho que la mujer no lo necesita. En el hogar, por ejemplo, el varón invade con su ropa toda la casa, usa el sillón del salón para su siesta impidiendo el uso de este espacio común, monopoliza el televisor (y el mando para decidir qué se ve o qué no) u ocupa con sus piernas todo el espacio inferior de la mesa cuando se sienta a su alrededor, entre otras maniobras.

Si queremos relaciones igualitarias tenemos que acabar con el abuso en cualquiera de sus formas.

Columna de Cristina del Valle en 20 Minutos en 2005

Micromachismos coercitivos
Intimidación.
Toma repentina del mando.
Apelación al argumento lógico.
Insistencia abusiva.
Control del dinero.
Uso expansivo del espacio físico

Micromachismos encubiertos
Maternalización de la mujer
Maniobras de explotación emocional
Culpabilización del placer
Elección forzosa
Enfurruñamiento
Maniobras de desautorización
Redefinición
Colusión
Descalificación
Terrorismo
Paternalismo
Creación de falta de intimidad
Negación del reconocimiento
Silencio
Negación a la mujer de su derecho a ser cuidada (e imposición del deber de ser cuidadora)
Inclusión invasiva de amigos
Engaños
Autoindulgencia
Hacerse el tonto
Comparación ventajosa

Micromachismos de crisis
Seudoapoyo
Desconexión y distanciamiento
Hacer méritos
Dar lástima
Requisitos para la desactivación de los micromachismos

Jorge Corsi, vía Guacalita