Charla "Resistencia digital y derechos humanos" - Carlos Sánchez Almeida

Una pena no haber llevado la grabadora. Algunas notas y comentarios:

  • Soy un abogado que no cree en el Derecho. El derecho significa elevar a textos lo que en la realidad ya se ha decidido. Es escribir una ley sobre la propiedad de los yacimientos de petróleo decidiendo que pertenecen a quienes han puesto el tanque primero.
  • No tenemos ningún derecho por el que no hayamos luchado. Para alcanzarlos tenemos que enfrentarnos a mucha gente. No vienen solos.
  • Cuatro generaciones de derechos humanos: 1) libertad y Estado burgués, 2) igualdad y movimiento obrero, 3) solidaridad ante la descolonización y emancipación, 4) derechos en el marco digital.
  • Origen del ciberactivismo y los ciberderechos en la Red: movimiento underground de las BBS en Estados Unidos, Fundación Frontera Electrónica, Ley de Decencia en las Telecomunicaciones, Global Internet Liberty Campaign, declaración de independencia del ciberespacio, sentencia del Distrito Este de Pensilvania que declaró internet como una conversación universal sin fin donde lo valioso es el caos de voces.
  • Este sistema se construye a partir de un consumo de servicios y productos que asegura nuestros derechos. En una crisis como la actual se frena el consumo, ¿dónde acaban nuestros derechos entonces? Nos están preparando para la progresiva reducción de derechos. ¿Qué vamos a hacer ante esto?
  • La lucha por los ciberderechos en España: Fronteras Electrónica como pionera en el trabajo sobre libertad, privacidad y cosas como el derecho al acceso de población presa. Otras luchas: tarifa plana, resistencia frente al control de internet (LSSI), contra la interceptación de comunicaciones en el trabajo, cultura libre y P2P.
  • En el caso del software privativo, nos encontramos con la situación de que hay empresas que se inventan su propia ley a través de las licencias con las que comercializan sus productos.
  • Situación actual: la subvención como forma de aniquilar el pensamiento crítico en artistas-cine-prensa-ONG, la censura de internet como medio de mantener la dictadura informativa de intermediarios culturales-económicos-políticos y falsos profetas que se convierten en dictadores a través de -por ejemplo- blogs y campañas en internet que censuran pensamientos discrepantes.
  • Retos: muerte a intermediarios culturales-económicos-de distribución-políticos, lucha contra la dictadura de las corporaciones tecnológicas, etc.
  • Es fundamental la formación para conocer la herramienta.

Alguna nota que añado yo…

  • Los medios condicionan los gustos. ¿Cómo podemos trabajar para promover gustos informativos diferentes?
  • Pregunta del público: ¿los intermediarios están desapareciendo o se están reconvirtiendo?
  • Sobre el acto en sí. ¿Por qué una persona presenta a la persona que presenta al conferenciante? ¿A qué tanto protocolo?
  • ¿Hay alguna entidad que se dedique exclusivamente a trabajar por la modificación de las subvenciones públicas de manera que éstas financien cosas útiles y además no tengan que ser desarrolladas por equipos complacientes con el gobierno de turno?

Completando gracias a Otro mundo es posible y la pista de Aida

CV de Carlos Sánchez Almeida

Charla “Resistencia digital y derechos humanos”

Muchas personas han criticado la Declaración Universal de los Derechos Humanos por no ser precisamente universal, por tratarse de un documento que trata de imponer la moral occidental sobre el resto de la población.

Michael Ignatieff argumenta en contra de esta crítica lo siguiente:

La Declaración puede ser hija de la Ilustración, pero fue escrita cuando la fe en ella se enfrentaba a su mayor crisis de confianza.

En este sentido, los derechos humanos no son tanto una declaración de superioridad de la civilización europea como un aviso de los europeos para que el resto del mundo no repita sus errores.

El mayor error fue la idolatría del Estado-nación, que hizo olvidar a los individuos la obligación moral de desobedecer las órdenes injustas.

La hemos cagado. Vamos a contaros qué creemos que hemos hecho mal. Me parece una gran manera de presentar la declaración.

Hace poco me acordaba de un amigo que decía que los derechos humanos son su credo, su religión. Por eso me llamó la atención el libro “Los derechos humanos como política e idolatría” de Michael Ignatieff.

En la página 77 sostiene:

Debe ser posible mantener regímenes de protección de los derechos humanos en civilizaciones, culturas y religiones muy diversas, cada una de las cuales discrepa de las otras acerca de lo que debe ser la buena vida.

Otra forma de expresarlo es la siguiente: las personas de diferentes culturas pueden seguir estando en desacuerdo sobre lo bueno, pero, en cualquier caso, están de acuerdo en lo que es insoportable e injustificablemente malo.

Hace una semana me dio por preguntarles a las ladies* lo que son los derechos humanos. “Muchas torturas, hay gente muchas torturas”, decía Ainoa. Es la primera idea que relacionaba con los derechos. Me pregunté si se refería a las cárceles marroquiés, a lo que ocurre con la población saharaui o a las comisarias españolas.

Ese día hablamos de que, según la declaración que firmaron muchos países, todo el mundo tiene derecho a viajar y migrar. Que lo realmente ilegal es perseguir a quien lo hace, muchas veces relacionándolo con la delincuencia. Hablamos de cómo la inmigración ha ayudado mucho a España y cómo en España se tuvo que emigrar… y sigue habiendo emigrantes, como por ejemplo yo, que soy migrante interna.

Para empezar a hablar del derecho a la educación, el último día les pregunté a qué jugaban cuando tenían 8 años, la edad de Irene -la hija de Aida- que hace los deberes en nuestra clase.

Inma hace un gesto con las manos. “¡Saltar!”, exclama. Saltar a la comba, digo. Saltar a la comba, repiten.

Raquel nos explica que no había muñecas. Dice que las hacían ellas a mano. A un palo le ponía pelos, ojos, manos. Se parte cuando se acuerda de que también le ponía tetas. La clase entera se desternilla.

¿Había pelotas? Ainoa dice que no. Que a veces hacían una con maleza. ¿Jugaban con los niños? Inma dice que sólo cuando era muy pequeña. Olivia dice que nunca. Mi padre… y hace un gesto de zurrar con la mano.

Faviola pronuncia algo así como “piso, piso”. Alguien dice puzzle, pero no están de acuerdo. La clase es un barullo de risas. Olivia dibuja algo en su cuaderno y me lo enseña. ¡Es la rayuela!

¿Qué diferencia hay con los juegos de Irene y sus amistades? Les pregunto. “Ahora está todo más preparado”, cuenta Ainoa.

Y a esa edad, ¿íbais al colegio como Irene? El ambiente se entristece un poco. Sólo Faviola y Olivia han ido alguna vez al colegio. El resto nunca lo pisó.

* = Mujeres adultas sin alfabetizar. Todos los nombres propios mencionados en estos artículos son inventados.

Destaco algunas partes de este ensayo de Michael Ignatieff:

… si los derechos humanos no han detenido a los villanos, es cierto que han reforzado a los testigos y a las víctimas. Los instrumentos de derechos humanos han proporcionado a los testigos el derecho a protestar frente al abuso y la opresión tanto dentro como fuera de sus propias fronteras, y esto ha dado lugar a una revolución en el ámbito del activismo y ha provocado el surgimiento de una red de organizaciones de derechos humanos no gubernamentales…

Toda sociedad necesita una fuente de legitimidad jurídica para ejercer el derecho a desobedecer órdenes legales pero inmorales. Los derechos humanos constituyen una de estas fuentes. El mensaje esencial de los derechos humanos es que no existe justificación para el uso inhumano de los seres humanos.

Si, por ejemplo, un grupo religioso determina que las mujeres deben ocupar un lugar subordinado en los rituales del grupo, y este lugar es aceptado por las mujeres en cuestión, no se puede intervenir con la excusa de que los derechos humanos en materia de igualdad han sido violados. Los propios principios de los derechos humanos exigen que los grupos que no persiguen activamente a otros o que no dañan deliberadamente a sus propios miembros deben disfrutar de tanta autonomía como permita el imperio de la ley.

Cuando convertimos las demandas políticas en derechos, existe el peligro de que el problema en cuestión se convierta en algo irresoluble, porque llamar derecho a una demanda equivale a calificarla de innegociable, al menos en el lenguaje común.

El caso kurdo también ilustra la ingenuidad política que a menudo disminuye la efectividad del activismo de derechos humanos. Durante demasiado tiempo se han contemplado los derechos humanos simplemente como una forma de rescate humanitario apolítico para individuos oprimidos. Así, los activistas de derechos humanos hacen campaña en nombre de grupos o individuos encarcelados u oprimidos por diversos Estados de la región sin enfrentarse directamente al problema político, que consiste en encontrar una estructura constitucional en los cuatro Estados…

En “El derecho de gentes”, John Rawls imagina una sociedad llamada Kazanistán que prohíbe la participación política a todos aquellos que no sean musulmanes, pero que tolera los derechos religiosos y personales de otras minorías étnicas y religiosas. Este Estado vive en paz dentro del sistema internacional, incluso aunque no respete unos criterios igualitarios en materia de derechos humanos. No sabemos si existe un Kazanistán, pero si existiera, no hay nada a juicio de Rawls -ni del mío- que justifique una intervención en los asuntos domésticos de tal Estado. Los demócratas liberales, afirma Rawls, deben aceptar que existen otras formas estatales distintas de las suyas que pueden garantizar una adecuada justicia procedimental y una oportuna protección de los derechos de las minorías.

La crisis de los derechos humanos tiene que ver sobre todo con nuestra incapacidad para ser coherentes, es decir, para aplicar los criterios de los derechos humanos al fuerte y al débil por igual; segundo, tiene que ver con nuestro fracaso a la hora de conciliar los derechos humanos individuales y nuestro compromiso con la autodeterminación y la soberanía estatal; y tercero, tiene que ver con nuestra incapacidad, una vez que intervenimos en nombre de los derechos humanos, para crear instituciones legítimas, que por sí solas constituyen la mejor garantía para la protección de los derechos humanos.

Estos problemas de coherencia tienen consecuencias para la legitimidad de los propios estándares de derechos humanos. Las culturas no occidentales observan nuestra forma parcial e incoherente de defender los principios de los derechos humanos y concluyen que hay algo que está mal en los propios principios. En otras palabras, el fracaso político tiene consecuencias culturales. Ha llevado a las culturas del mundo no occidental a creer que los derechos humanos no son más que una justificación para el imperialismo moral de Occidente.

Buscando información sobre los derechos humanos, he encontrado esta recopilación sobre humor gráfico y derechos humanos de Amnistía Interncional Cataluña.

1. Derecho a la igualdad, sin distinción de raza, religión o nacionalidad.

zodiaco

10. Derecho a recibir una educación que fomente la solidaridad, la amistad y la justicia entre todo el mundo.

mandamientos