A veces pasa. Algunas herramientas avanzan, los proyectos siguen adelante, lo técnico va por un lado, la directiva discute otras cosas.

Ocurren espacios largos y cortos de cierta libertad -o más bien ausencia de directrices- para la ejecución de actividades.

Eso nos ocurría con muchas cosas en el curro, entre ellas el blog de la Plataforma. Con nuestro criterio personal, el equipo técnico decidimos que había que hablar de todo, aunque la Plataforma no se posicionara sobre esto.

Voluntariado proabortista, voluntariado activista, textos críticos con las leyes del voluntariado, reflexiones sobre el estancamiento de la participación en las ONG, denuncias al voluntarismo…

Mis compañeras y yo veníamos preguntándonos si a la directiva le parecía bien esta línea editorial.

Pues hoy ¡para nuestra alegría! nos han confirmado que sigamos adelante.

Atrás quedan anécdotas como aquella de confundir a las lectoras.

En sus webs, las ONG suelen dar sólo sus puntos de vista. Esto puede entenderse o discutirse. Pero, desde una Plataforma que se dice nacional, quizá lo interesante es precisamente contar qué ideas hay. Sean nuestras o no.

Ahora podemos seguir informando -en la medida de nuestras posibilidades- de las cosas que ocurren en el voluntariado. Contando qué hacen otras entidades, empresas y organizaciones con respecto al voluntariado. Qué dicen.

Aunque no nos guste y la Plataforma no esté de acuerdo y ni siquiera piense que valga la pena posicionarse.

Yo creo que esto es buenísimo. Nos convertimos así por un lado en una organización con su propia opinión y, por otro, en un pequeño medio de información muy especializada, que recopila recursos y reflexiones de todo tipo.

Esta variedad puede hacer pensar al resto. Y a nosotras mismas. Además tenemos el campo de comentarios abierto. Y no sabéis la de chicha que hay para darle al coco. Es genial.

En una charla se me ocurrió preguntar:

¿Cómo elegís qué programa de la tele ver?

Quería llegar más allá del típico comentario de que la tele nos come el coco y ni pensamos qué vemos muchas veces.

Pensad que, cada vez que pulsáis un botón del mando, estáis haciendo algo así como votar. Estáis eligiendo. Estáis apoyando algo.

Pero no nos estanquemos en comentar lo partidistas o clientelistas que son todas las cadenas.

Cada vez que dejamos de comunicar, que pasamos de escribir una carta a un periódico, comentar en un blog algo, reenviar un informe importante por correo, hacer declaraciones sobre lo que pasa en el barrio o simplemente informarnos mínimamente… estamos restándonos oportunidades de participar.

Muchas veces nos quejamos de lo poco que se nos pide nuestra opinión en la política. Sólo votamos una vez cada cuatro años. (Y no mencionamos la posibilidad de involucrarse en algún movimiento social o partido, claro.)

Dejamos que nos representen totalmente personas a quienes apenas conocemos, muchas veces sin leer el programa. ¡Y nuestras ideas no tienen por qué coincidir ni con seis de las suyas!

Pues igual pasa en la comunicación. Estamos abdicando. Estamos dejando que otra gente asuma el papel de contar nuestra historia. A su modo. De un modo absolutamente mejorable. ¿Cuántas veces cuentan con nuestra voz la mayoría de los medios? ¡Ja! Puede que menos que en política.

Derecho al paro, derecho al salario digno, derecho al tiempo de descanso, derecho al voto, derecho a desplazarnos libremente… (jum)

Bueno, ¿y qué pasa con nuestro derecho a acceder a la información que necesitamos y con nuestro derecho a comunicar?

Artículos relacionados
¿Por qué en la agenda de las ONG españolas no está la lucha por el derecho a la comunicación?
Derechos de la comunicación según Médicos del Mundo
Periodistas contra el periodismo
Hacia políticas públicas de comunicación con causa
“No sé cómo hacer una carta, no soy periodista”

Se quejaba de una tarea pesada.

No sé cómo hacer una carta, no soy periodista.

Este tipo de comentarios me alarman. Me parecen brutales.

No es sólo por el “despite” de no caer en la cuenta de que escribir una carta no es algo que no se aprende ni en un máster, ni en la facultad, ni en el instituto… sino en los primeros años del colegio.

Ya he escrito en otras ocasiones de este analfabetismo comunicativo.

Lo que me parece brutal es que la gente no sepa ni haga el esfuerzo de comunicarse más allá de su vida privada (y a veces ni eso), de aprender a contar las cosas de otras maneras.

Este tipo de comentarios refleja algo más gordo. Refleja cómo la sociedad no se plantea en absoluto no sólo su derecho, sino su deber de comunicar, contar las cosas, denunciar, negociar y conversar democráticamente.

Artículos relacionados
¡No es sólo la tecnología, chata!