Bicicrítica Madrid – Julio 2010 from furilo on Vimeo.
El último jueves de cada mes, miles de bicis recorren Madrid haciendo visible el debate sobre cómo nos transportamos. Pero, ¿quiénes son esas personas que se suben a una bici para tomar la ciudad?, ¿por qué pedalean?
20.52 horas. Jueves, último del mes de julio de 2010. Paseo de la Castellana de Madrid. El asfalto se ha dividido en dos. En sentido sur, coches. En sentido norte, miles de personas patinando y pedaleando. La fotografía es simbólica: la bicicrítica propone otro camino, una alternativa sostenible de transporte en la ciudad.
Es la cuarta bicicrítica de Fernando, aunque él lleva ya 20 años usando la bicicleta para moverse. Trabaja en un hotel y se ha “enganchado” a la reivindicación. A la altura del Paseo de la Castellana, mientras la masa de participantes se divierte haciendo olas, cuenta que lo mejor de esta iniciativa es “el ambiente“. ¿Lo peor? “Cómo se porta la gente. Que vayan por otra línea, se crucen”.
Alcanzo a María José descendiendo hacia la Vaguada. Baja erguida, pero con las piernas muy separadas. De un patín a otro puede haber al menos metro y medio. María José es profesora de secundaria y lleva asistiendo dos años a la movilización. “Vengo por el carril bici, para que nos hagan un poquito de caso”, explica. “Lo que más me gusta es que haya algo que une a tanta gente y lo que menos es precisamente que no hay suficiente unión, que hay quienes se enfrentan con los que van en coche”.
Lo que probablemente llama la atención de Cata en el grupo es que es una de las que va con vestido. Tras sus gafas de sol, comenta que su profesión es diseñadora gráfica. Lleva nada menos que cuatro años sin separarse del pelotón bicicrítico. No falta a la cita. “Yo lo que quiero conseguir viniendo es hacernos ver. Respeto. La bici un medio de transporte alternativo, no sólo un deporte”. De todo lo que ha vivido, lo que más aprecia es “la cara de felicidad de los ciclistas y las caras de póker de los peatones”. También viene porque “es el único día del mes que me siento tranquila en Madrid”. Y no hay nada que no le guste de toda la bicicrítica. Me despido de ella subiendo por un carril lateral del trazado norte de la M30.
Ya ha anochecido. De regreso a la Plaza de Castilla conozco a Fermín. Él trabaja en Teléfonica y lleva cuatro bicicríticas recorridas. “Me convenció un amigo que es un auténtico apóstol de la bicicleta. Sigo viniendo porque me encanta ejercitar mi derecho como ciclista”, dicen su boca y sus ojos serenos. Lo que menos aprecia es “ver a algunos peatones huir de las bicicletas, como cuando los ciclistas huimos de los coches: tenemos que comportarnos de otra manera”.
“Los medios han ninguneado este fenómeno mucho”. Y añade: “Sin embargo, aunque no sea el corazón de la ciudad, es algo que consigue a unir a gente muy diferente cada mes”.
Con este videoclip también os hacéis una idea idílica de lo que viene a ser la bicicrítica, con detalles como la gente disfrazada, las bicis engendro, el helicóptero, la gente levantando sus bicis al aire o la peña resucitando tras un atropello.
Nos vemos el último jueves de cada mes a las 20 en Cibeles. ¡Alegría entre las piernas!
Canción: “Kings and queens”, 30 seconds to Mars
Bicicrítica de mayo de 2010. A la altura del Paseo de Santa María de la Cabeza, ya de noche y acabando nuestro paseo mensual para hacernos ver, comenzamos a hacer la ola.
La gente empieza gritando ¡abajo, abajo! Cuando ya todo el mundo se baja de la bici y agacha, en la cabeza gritan ¡1, 2 y 3! y la gente se levanta gradualmente.
Vamos, lo que viene a ser una ola XDDD
El último jueves de cada mes, cientos y a veces miles de bicis toman las calles de Madrid. Se trata de un fenómeno que nació en la ciudad estadounidense de San Francisco en 1992 y se ha reproducido en varias ciudades del resto del mundo. Su historia y su futuro son muy interesantes.
Hoy está fea la cosa. Un rayo cruza el cielo, sobre una oscura nube. Murmullos de nerviosismo. “Bah, nunca llueve”, comenta Mónica. “Yo nunca he estado en una bicicrítica en la que lloviera. A veces incluso estaba lloviendo y para cuando salimos”, bromea una amiga de su grupo. Parece algo mágico.
Cada último jueves de mes, cientos y, con buen tiempo, miles de ciclistas se concentran en la plaza de la Cibeles para dar un paseo festivo y reivindicativo por las calles de la ciudad.
La bicicrítica se desarrolla hoy con bastante dificultad. Parece que las y los conductores están especialmente bruscos. Se forman demasiados huecos entre el pelotón. En algunas zonas, veo a coches enfrentarse con ciclistas. Y al revés. Sobre todo con taxis. Se oyen insultos.
“Lo que hacen no tiene sentido”, protesta un ciclista a mi lado, observando un grupo que discute a gritos por la Plaza Elíptica.
Decido avanzar e integrarme en la primera parte del pelotón, que suele ser más tranquila. A la altura de Antonio López ya nos ha oscurecido. Llevamos bastante rato pedaleando. Los vecinos y las vecinas de la calle nos sorprenden con su animación. El ambiente se transforma. Desde las terrazas, nos aplauden, animan y bailan. La gente sale de los bares con instrumentos improvisados.
El pelotón responde con alborozo. La gente sonríe y pregunta con curiosidad: “¿Pero esto qué es?”.
“Esto” empezó nada menos que en San Francisco (Estados Unidos). En 1992, 58 personas quedaron para dar un paseo en bici. Un año más tarde eran 500. El fenómeno se acabó conociendo como la “masa crítica”, un término de George Bliss. Este diseñador observó que, en China, “en los cruces sin semáforos, los ciclistas se van acumulando hasta llegar a un número tal que les permite cruzar sin riesgo”.
En España, varias ciudades han reproducido la marcha. Concretamente, en Madrid, se llama “bicicrítica”. La primera vez tuvo lugar en octubre de 2004 con 4 participantes. Actualmente, con buen tiempo, pueden congregarse entre 1.500 y 2.000 personas.
Vídeo: tercera bicicrítica madrileña en diciembre de 2004
Seguimos pedaleando, volvemos hacia el centro, cruzando el río Manzanares por el puente de Praga. Observo el río desde otra perspectiva. Pedaleando con tranquilidad, con los reflejos de las luces nocturnas. Madrid se ve de otra manera así.
Desde la acera, una señora agita los brazos y nos anima: “¡Uh, uh, uh!”. Me pongo a soñar. Me invento una conversación con la señora. ¿Se imagina ella una ciudad con más espacio? ¿Una ciudad con menos humo y ruido? La movilización no deja de crecer. Somos ya más de 2.000 cada mes, ¿hasta qué número llegaremos?, ¿estaremos realmente cambiando las cosas, haciendo un poquito de historia?
La marcha acaba. Me despido del maratón y vuelvo a la realidad del tráfico. Pero me doy cuenta de algo: no, al final no ha llovido.




















