Hace un tiempo que venimos escuchando en el tercer sector y también en la fundación que hay que crear redes sociales.
Anoche, charlando con la Silvia, comentaba que lo de crear redes sociales parece imposible, porque “se crean solas”, son fenómenos colectivos y es muy difícil que un individuo o una minoría pueda decidir su formación.
Estoy con ella.
Refiriéndonos a redes de relaciones distribuidas (no jerárquicas), supongo que existen una serie de factores que condicionan su surgimiento: motivación, necesidad, interés, tiempo, formación, momento apropiado, adecuación, recursos… pero sobre todo uno: la participación voluntaria y espontánea de cada miembro.
Por todo ello, veo muy complicado que una persona o un pequeño grupo de personas se puedan proponer crear una red social y tener éxito.
Lo que sí se me ocurre que podemos hacer es:
Proporcionar herramientas adaptables, juguetes. No podemos esperar que una herramienta sea la definitiva. Internet nos enseña que el tráfico de visitas, los hábitos y los usos que dan los usuarios a cada cosa pueden ser muy diferentes a sus propósitos iniciales. Sé de alguien que “tiene un blog en gmail“.
Dinamizar, vivir, participar. No se puede declarar que hay que “crear redes sociales” y quedarse mirando si algo se mueve. Creo que uno tiene que vivir -al menos en parte- ese movimiento. Tener la experiencia.
Inspirar. Crear, participar y apoyar proyectos interesantes que puedan aplicarse en otros ámbitos y que sirvan de modelo a otros usuarios. Quizá esta es la manera de intentar orientar esa fuerza activista de todas y todos.
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