Flip me pasó esta nota el otro día. Hay muchas de este tipo: se trata de un ejemplo de lo fácilmente que se engordan las declaraciones y se las convierte en titulares.

Intentando dar más importancia a una pequeña entrevista tras una charla, deseando probablemente que la lea más gente, la información se deforma totalmente. Son engañosas porque el titular no está entrecomillado y afirma algo… que es simplemente la declaración de alguien o la interpretación -como es probablemente este caso- de un dato sin explicar ni contextualizar.

“El voluntariado es un poliedro de muchas caras”. Así describe Antonio Gutiérrez Resa, profesor titular de Trabajo Social y Servicios Sociales de la UNED, este compromiso altruista que, en su opinión, parte de una base de gratuidad y de entrega hacia los demás.

Primer párrafo. Comienzo a sospechar que el titular no viene de ningún estudio, sino de una entrevista, de una declaración.

(…) A pesar del auge que ha tenido la solidaridad social corporativa, que implica la promoción de las actividades voluntarias desde la empresa para afianzar y aumentar el prestigio de la propia compañía, Gutiérrez Resa lamenta que el volumen de voluntarios españoles se haya estancado. “Debe de estar en torno al 11%, frente al 35% de Gran Bretaña y el 40% de Alemania. Aún hay bastante recelo en España de cara al voluntariado”, añade.

¿Solidaridad social corporativa? ¿No se llamaba responsabilidad social corporativa?

No obstante, el parón que sufre este sector también se debe al coste que supone la actividad, como cualquier otra. “Un voluntario puede llegar a costar unos 6.000 ó 7.000 euros al año. Lo malo es que con la crisis pocos están dispuestos a financiarlo”, aclara el catedrático.

Uaaaat? ¿Seis mil eurones? Pero si el voluntariado le ahorra costes a las ONG… ¿De dónde saca este dato? ¿Se referirá a lo que le cuesta a las empresas el voluntariado corporativo? ¿¿¿Ha basado el titular en este dato???

Y no sigo comentando porque ya el final de la nota me parece absurda mezclando los datos inexistentes o malinterpretados con declaraciones románticas sobre el Año Europeo del Voluntariado.

Más información

Foto: bad-news-guys-kygp-cc-flickr

quejarnos vivir en paz, somos gays, musulmanes, católicos, budistas qué mas da

  • Evitar mostrar el conflicto como algo entre sólo dos partes, intentar mostrar a una variedad de grupos implicados. Evitar el maniqueísmo y el “o estáis conmigo o contra mí”.
  • Evitar que se distinga el “nosotros” de los “otros”.
  • Evitar tratar el conflicto como algo que sólo tiene lugar en el espacio y en el tiempo en el que ocurre la violencia física. Mostrar las causas y las consecuencias.
  • Contar los efectos invisibles: psicológicos, futuros, en otros grupos, en otros países.
  • Evitar que los bandos se definan a sí mismos repitiendo las mismas reclamaciones que sus líderes. ¿Están en completa sintonía?
  • Evitar concentrarse en lo que separa a los grupos, hacerse preguntas sobre aspectos comunes.
  • Evitar explicar la violencia con otro acto violento, es decir, reflejando sólo imágenes de los actos violentos.
  • Evitar culpar a alguien en concreto del inicio del conflicto. Ver cómo se comparten los problemas. Tratar de nombrar todo lo que ha hecho mal cada una de las partes.
  • Evitar centrarse sólo en el sufrimiento y miedos de una parte. Hacer de interés las reivindicaciones de todas las partes.
  • Evitar victimizar el lenguaje (devastado, patético, tragedia), contar lo que podría haber hecho la gente.
  • Concretar qué significa genocidio, tragedia, masacre, sistemáticamente…
  • Evitar adjetivos demonizadores como “cruel”, “brutal”, “bárbaro”…
  • Evitar etiquetas como “terrorista”, “extremista”, “fanático”, “fundamentalista”. Son formas de tomar partido.
  • Evitar considerar que la firma de documentos de una victoria militar o de un alto el fuego lleven a la paz.
  • Evitar estar esperando a que las lideresas y líderes ofrezcan soluciones. Explorar todas las iniciativas de paz.

Versión resumida y comentada del esquema de María del Carmen Gascón en “Comunicando paz”.

servimediaMe gusta mucho todo lo relacionado con el tratamiento informativo relacionado con la exclusión, es decir, las palabras que usamos para hablar (y a veces estereotipar o insultar) a personas con discapacidad, sin hogar o con una enfermedad mental.

Un libro de estilo es un manual que recoge pautas de comunicación de una entidad o empresa. Por ejemplo, el libro de estilo de El País indica que el diario no informará sobre boxeo o sobre los suicidios de personas, salvo gente conocida. También recogen errores frecuentes o los tratamientos a personas de la monarquía y otros cargos.

Servimedia es una agencia de noticias española especializada en Políticas Sociales, es decir, envía (y cobra por enviar) información a medios de comunicación. Entre otros servicios, claro. Nació a partir de la Fundación ONCE.

Como se trata de una agencia especializada en las políticas sociales, su libro de estilo (al contrario que los demás que conozco) incluye referencias muy explícitas sobre el tratamiento informativo relacionado con personas que forman parte de colectivos minorizados y machacados.

Habla sobre las palabras relacionadas con la discapacidad, las personas sin hogar, la infancia, las adicciones, la enfermedad, la inmigración, etc.

Os dejo algunos apuntes que me han llamado la atención:

  1. La principal labor de una periodista es buscar noticias (…). Ninguna relevancia tendrá una agencia de noticias que se limite a difundir información oficial o la que llega a través de notas de prensa.
  2. No está de más recordar que al periodista se le debe exigir objetividad intelectual.
  3. La periodista debe huir del llamado periodismo amable.
  4. La orientación de periodismo social que se plantea este manual obliga además a cumplir con lo enunciado en [la Ley de Igualdad] relativo a la “implantación de un lenguaje no sexista (…)”.
  5. [El objetivo principal del periodismo social es] dar peso a “lo social” (…) Se ha hecho hincapié en los temas sociales al mismo nivel que los políticos y económicos. Ésta es la apuesta por el periodismo social.
  6. Se trata de contribuir desde nuestro trabajo (…) en la lucha contra determinados estereotipos y actuaciones que impiden a algunos grupos sociales participar e integrarse en nuestra sociedad como ciudadanía en igualdad de condiciones.
  7. La imagen de la atención desinteresada prestada por bañistas y vecinos a inmigrantes llegados a playas españolas tras semanas de navegación en destartaladas barcas, ofreciéndoles agua o, simplemente, un abrazo para calmar su frío es más que una noticia: es todo un síntoma de buena salud social que debe ser reflejado en mayúsculas en nuestras informaciones.

Y aquí os separo mis comentarios:

  • Me ha gustado y me ha parecido curioso que, entre los primeros contenidos del manual, se encuentren la línea 1 y 3 que os he copiado.
  • Creo que lo de la subjevidad se contradice con las imágenes que luego subjetivamente indica como de “buena salud social”. También trasluce subjetividad lo de que su trabajo contribuya “en la lucha contra determinados estereotipos…”. Sigo pensando que todo es subjetivo y que la objetividad es un mito.
  • No entiendo por qué incluye la homofobia como subsección de la sección sobre racismo y xenofobia. Supongo que porque indica que es incorrecto llamar “racista” a una persona homófoba.
  • Los femeninos de los apuntes son míos. Me llama la atención cómo indica muchísimas notas buenas sobre el lenguaje no sexista que el mismo manual no cumple.

Gracias, Flip.

petición a @elmundo (http://mzaynj.xrt.me) para que retire la foto morbosa del atentado de Moscú http://act.ly/1uu RT to sign #actly

Preferimos los mensajes en positivo

Una forma de manipular al personal es la de obligar a transmitir continuamente mensajes en positivo, a veces transformando todo en eufemismo o abstrayéndolo hasta límites absurdos en los que… directamente no se entiende nada.

Así una marcha contra la discriminación racial se puede convertir en un festival multicultural y una campaña contra la precariedad laboral se puede traducir en un seminario por la inclusión y el empleo.

El sistema es el siguiente:

  • Quien financia, apuesta por el “mensaje positivo”, convence a quien organiza y se queda con el mérito de todo.
  • Quien organiza, se queda en paz, ya que la actividad ha sido financiada, aunque fuera con otro mensaje.
  • El público, finalmente, no capta el mensaje real, sino uno completamente desnatado.

Hay noticias que nuestra lectura diagonal de todos los días no nos permite pasar por alto. El problema es cuando el titular no existe. O cuando sí lo hace, pero se limita a una pieza publicada en El Mundo en la sección Tribunales con un estilo más parecido a El Caso que a un medio de su peso o una nota de prensa de la FELGBT reproducida en webs de colectivos LGBT y blogs personales.

La historia de los últimos días de Roberto es jodidamente triste. No sólo por cómo acabó su vida, que es suficiente para querer decir basta y no saber más, sino por el ninguneo al que le han sometido los medios. Quizá cuando se retome el juicio o, cuando la sentencia vea la luz el ruido sea mayor; quizá lo sea porque la condena dictada es insuficiente y demasiado leve para no ser un “simple” homicidio sin coacciones ni daños a la integridad moral de la víctima. Veremos.

Por lo pronto, poco sabemos además de que las inculpadas se introdujeron en febrero de 2007 en el domicilio de Roberto —Concepción G. H. para El Mundo a lo largo de toda la noticia— “con la idea de ir ganando poco a poco su confianza hasta minar su voluntad”, según la Fiscalía, por lo que el trato que le otorgaron fue en todo momento “humillante y degradante”, aprovechando las dudas que tenía sobre su identidad sexual —dudas que le permitían participar activamente en la asociación El Hombre Transexual; es posible que la “duda” sólo la tenga el redactor de la noticia—. Ambas mujeres, además, “aprovecharon el rechazo que Concepción sentía por su cuerpo y la torturaron desnudándola y grabándola en vídeo, a sabiendas del sufrimiento que eso podría producirle. También le obligaron a vestir ropa femenina”, citando textualmente la nota de El Mundo.

“Concepción muere la madrugada del 1 de septiembre de 2007 sobre un colchón del suelo de su habitación, «desnuda y sucia», dice la Fiscalía.” Poco, o nada más sabemos, además de otros detales morbosos, al no haber sentencia aún.

Pero lo que sí conocemos de sobra es que, si no se habla de algo, es como si no existiera. Y un transexual FTM es sencillamente inasumible para un medio convencional hoy por hoy, a pesar de Chaz Bono.

Roberto no es un gay al que hayan apaleado un grupo de chicos enfurecidos y llenos de odio un sábado por la noche; no es otra mujer más, cruelmente asesinada por su marido violento, posesivo y anulador; no era un travesti al que tiraron de los tacones a patadas un grupo de machos con la bragueta caliente. Por no ser, no era ni quien decía ser. No era Roberto, era Concepción —¿no os ha quedado claro?— y ni después de muerto encaja en ningún sitio, por eso, mejor ni mentar su desgracia, no vaya a ser que nos incomode pensar que hay más como él por ahí sueltos.

Los medios han pasado de puntillas por este caso porque no encaja en ningún lado. Una mujer que quería ser hombre es retenida, torturada y asesinada finalmente por otras dos mujeres. Es el rizo del rizo y, para colmo, la transfobia, que por ser difícil, lo es hasta de pronunciar, se sigue asimilando con tedio a otras fobias que sólo son percibidas como algo cansino y victimista, tanto por medios como por la gente de la calle.

Y es que habrá más de uno que piense que “eso te pasa por cometer la extravagancia de empeñarte en que te llamasen Roberto cuando «en realidad» te llamabas Concepción.

Gracias a Olga Berrios por el aviso en su más que recomendable blog, labroma.org.

En diciembre os hablé de Roberto… Me encontré este artículo en una revista. No sabe la persona que lo escribió lo mucho que lo necesitaba.

El exigente y poco reconocimiento de trabajo de barrio, las dificultades laborales y residenciales (…) y la oscilación constante entre ellas y las acciones políticas de carácter más general (…) han contribuido a devolver un nuevo tipo de invisibilidad social al movimento [okupa]: se sabe que está ahí, pero no qué es, recibe una atención mediática puntual…

Miguel Martínez López en “¿Dónde están las llaves?”.