Pasea perros. El otro día llevaba cinco a la vez. Cuando uno de los perros que pasea le ve, sale corriendo hacia él. Entusiasmado. Tira tanto, que la dueña no puede sujetarlo. Pasea perros. Y no tiene perro.
Estoy deseando hacerle una entrevista.
Pasea perros. El otro día llevaba cinco a la vez. Cuando uno de los perros que pasea le ve, sale corriendo hacia él. Entusiasmado. Tira tanto, que la dueña no puede sujetarlo. Pasea perros. Y no tiene perro.
Estoy deseando hacerle una entrevista.
Cuando llegué de Jaén, flipaba con lo de que haya música en cualquier esquina de Madrid.
Unos años después, me vuelvo a sorprender… había visto acordeones, guitarras, timbales, bajos, flautas… ¿pero gaitas?
Groucho Marx.
Cartel en pastelería: “Pide la bolsa si realmente la necesitas”.
Y la mejor… ¡¡flores y plantas Platero!!
Aviso.- Este vídeo… marea. Pero es taaaaaaaan guay.
Hacía ya tiempo que quería hacer un vídeo como éste en el que “me acompañáis” en una ruta bicicletera.
Por fin me he decidido y he elegido una ruta pequeña y fácil, dado que no tengo ningún dispositivo para colocar la cámara y he tenido que grabar con ella en la mano. Y la otra mano… en el manillar.
Me he reído mucho con el resultado porque con la música de una serie japo que le he puesto (“To be free”, de Stella Furst, BSO de Sol Bianca) queda tan “flipao” como yo lo vivo.
Vamos por la ribera del río Manzanares, en parte rehabilitada, desde el estadio Vicente Calderón a la zona del puente de los Franceses y vuelta. En total, unos 9 kilómetros.
No hay mucha gente porque era temprano, pero suele estar lleno.
Pasamos bajo el puente elevado que va al cementerio de San Isidro. Pasamos junto a la pasarela arbolada sobre el río. Cruzamos el puente de Segovia. A nuestra derecha quedan la catedral de la Almudena, el Palacio Real, el Campo del Moro, la Puerta del Rey y la estación de Príncipe Pío. A la izquierda, la Casa de Campo.
Pasamos bajo el puente que va al Panteón de Goya. Pasamos bajo el funicular que va desde el Parque del Oeste al interio de la Casa de Campo. Y, al fondo, un puente rojo nos avisa del final: ¡el puente de los Franceses!
Por cierto, pasamos: también por varios juegos infantiles muy chulos. Mi momento favorito del vídeo está al final y sucede en uno de esos juegos.
Comenzamos el paseo leyendo la actualidad en las paredes: Joan Baez toca pronto.
Alguien pide justicia.
¡Desayuno!
Gran edificio con graffitis y muchas cámaras de seguridad. Y una advertencia.
Cabestreros. Una fuente republicana de 1934.
Seguimos con vistas a Lavapiés.
Restaurante senegalés y zapatería.
Monstruo.
Pintada de Neorrabioso saliendo de Lavapiés.
Más actualidad… ¡¡el nuevo disco de la Pantoja!! Qué buena idea lo del cartel tipo revista XD
Cachibaches… entrando a la zona del rastro, aunque todavía queda un buen rato para llegar.
VHS a 1 euro.
Maniquíes con leggins colgando cual jamones.
Desde bragas, bolsos, espejos, cuadros, gorros y sombreros…
… hasta pijamas y batas estilo chino.
Señora mayor en el puesto de caza.
En definitiva: muchos colores y mucha gente.
Hoy he estado en el Patio Maravillas. El nuevo. El de la calle Pez. Lo inauguraban hoy.
Han estado hablando varias personas, entre ellas el dueño de la antigua librería que allí había. Tierra de fuego. Ha contado cómo les echaron poco a poco. A pesar de que tenían contrato.
Primero les dijeron que no eran útiles. Que se fueran. Les subieron el alquiler dos y tres veces la cantidad. Les asaron a pleitos. Les intentaron convencer de que el edificio se caía a trozos. Al final, poco a poco, se fueron marchando.
Y luego dos años de abandono.
Otro de los chicos de la presentación ha dicho dos cosas chulas:
Madrid es un desierto. Le llaman ciudad. Vemos espejismos. Como Triball. Esos proyectos urbanísticos para convertir la vida en comercio y especulación. En un consumir y morir. Pero son espejismos. No hay nada.
Luego hay oasis. En esta calle Pez hay algo parecido. Hay peces. Luego hay agua.
Ayer volví a mis acuarelas de parvulitos (también conocidas como “las infinitas”)… Cómo mola saber que con sólo mojarlas resucitan, ¿eh?
Por cierto, qué chula la palabra “parvulitos”.