Vista de Jaén desde el mirador de la carretera de la circunvalación con la calle Duque.

Vista de Jaén desde el mirador de la carretera de la circunvalación con la calle Duque.

Es una de esas costumbres de pueblo o ciudad pequeña. Visitar el pantano, tanto cuando tiene poca agua como cuando ha llovido mucho. Cada ciudadana y ciudadano, con seriedad profesional, verifica el nivel de agua embalsada. Murmurando y lamentando en tiempo de sequía. Suspirando de alivio o incluso celebrando con fotos y vídeos, en tiempo de lluvias.
“Vamos a ver cómo está el Quiebrajano“, se dice por Jaén.
Parece como si tuvieras papeleo en la oficina o casi pleno ministerial; pero en realidad te vas de excursión sencilla, a papearte un bocata a la vera del agüita tras sobrevivir a una corta carretera de temibles curvas.
He hecho un vídeo cutre. Si os apetece verlo, fijaos en:
a) Los escarpados y preciosos paisajes
b) La ruinosa carretera
c) El final: es espectacular
El pantano del Quiebrajano está a sólo unos 20 kilómetros de la ciudad. Más allá de una zona famosa conocida como La Cañada de las Hazadillas (pronúnciese Lacañáh lahzahillah). Famosa, decía, para el senderismo y, sobre todo, recordada por las dilatadas comidas de entrañables domingueras y domingueros.
Una nota que desconocía: el río del Quiebrajano también es conocido como Valdearazo.
Varios carteles anunciaban la marcha del 15 de octubre hoy en Jaén por el cambio global.
Era temprano por evitar un gran rival. La marcha coincide con las fiestas de San Lucas. Hubiese sido bien cachondo que fuera alguien vestida de sevillana a la mani.
Muchos carteles y lemas diferentes.
¿Lo estás escuchando?
Es el tiempo de las niñas y los niños con guantes blancos. Barras en la calle. Hits de verano en primavera. Cruces apuñaladas de claveles.
Si una marciana aterrizara por Jaén una noche de éstas, al observar la juerga, las flores y las cruces, sacaría la conclusión de que el catolicismo es más bien una especie de fiesta tapadera. Una excusa de verbena. La religión del alcohol.
Mientras, la marciana estudiaría también otras tradiciones menos cinceladas. El concierto de la banda de música para los patos del parque. Todos los domingos, sin falta. Y los viejos videojuegos. Con esos malos malísimos de la pantalla final.