Calcuta, 2007. Niñas y niños de Kalighat, el barrio rojo de la ciudad, pasan un mes bailando con un grupito de españoles. No hablamos el mismo idioma, pero enseguida cogen la música. Al final, hubo un espectáculo. El teatro, abarrotado.

Mirad el vídeo hasta el final, por favor. :)

pequeño teatro bajo el monzón

Ya se puede visitar la exposición de fotos en Haces Falta.

Las chicas de Haces Falta me han encargado que monte una exposición fotográfica virtual sobre Mundo de Agua, el proyecto en el que colaboré este agosto en Calcuta.

La verdad es que lo mío me ha costao (¡jodías!) porque hacía tiempo que no repasaba esos recuerdos. De hecho casi que los evitaba aunque también me apuntaba que debía mirar atrás y hacer una nueva reflexión.

Algunas cosas que he ido planteándome:

  • No he escogido las mejores fotos, sino las que me ayudaban a contar una historia con sinceridad.
  • De los preparativos, recuerdo sobre todo el miedo que trataron de meternos en el cuerpo a la situación que íbamos a encontrar y la preparación anímica que debíamos tener.
  • Urmi Basu -la ideóloga del proyecto- me pareció una persona muy interesante y mi relación con ella claro ejemplo de algo que me “duele” de la experiencia: el conocimiento que puedes tener de una realidad así en tan poco tiempo es gravemente superficial. Me hubiese encantado poder acercarme a todo mucho más.
  • En Calcuta -como en cualquier lugar- también hay belleza.
  • Es difícil asimilar el enfrentamiento de tantas diferencias económicas y sociales en tan poco espacio físico y temporal.
  • Una de las cosas que más me encolerizó es lo que Javi deciá de Calcuta: “Es el parque temático de la pobreza”. Da la sensación de que mucha gente viaja allí a “ayudar” cuando tiene problemas en su vida y nunca ha hecho voluntariado ni está preparada. Viajan sin visión crítica de las cosas y con posturas muy paternalistas.
  • Es difícil encontrarle el sentido al derroche que supone un viaje de voluntariado así cuando podría resultar más eficaz -a corto plazo- invertir ese dinero directamente en proporcionar recursos a estas personas.
  • Es probable (y un error) acabar convirtiendo en protagonista de la película a las particulares condiciones de vida de tu viaje, olvidando que esas son las condiciones de millones de personas y para ti sólo una experiencia “exótica” que puedes abandonar cuando desees.
  • Es triste tener que decir que los peores recuerdos que tengo no están solamente relacionados con la situación injusta que contemplamos y denunciamos, sino con la convivencia en el grupo. De hecho dudo mucho que vuelva a viajar en un grupo de tal tamaño y sin estar segura de con quién viajo.
  • Por otro lado, también tengo que asegurar que -tras bastantes campos de trabajo como éste- es la primera vez que sigo en contacto con parte de la gente que formó el grupo. Montse, Maribel, Pi, Carlos y yo somos el “equipo wifi”. Me alegré mucho de haber encontrado un grupo de viaje con quien no me importaría volver a compartir saco, mosquitera o sobres de suero… ¡jajaja!
  • Dudas sobre estar haciendo lo correcto, dudas sobre si estamos preparadxs para un proyecto así, reproches mutuos, convivencia difícil, visiones diferentes sobre el voluntariado, frustración ante una experiencia demasiado superficial… esto es quizás lo que -en parte- significa el voluntariado.

    Cuando esté montada la exposición os pegaré el enlace en un artículo nuevo.

    agua en el taj aclarada

    ¡Me encanta!

    Primer paso. Contratamos una excursión en bus turístico. Es gracioso cómo los primeros días no quieres encontrarte con ningún occidental y al final acabas deseándolo. Como era nuestro penúltimo día en India nos apetecía aire acondicionado, estar rodeados de europeas y europeos y comer sano.

    Pero nos encontramos con un bus cutre de turismo interior en donde los únicos que no eran indios éramos nosotros y una pareja de keniatas. El bus, requeteincómodo.

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    De Delhi a Agra hay 200 kilómetros. Nos habían dicho que eran 4 horas de ida y 4 de vuelta. En total fueron como unas 7 horas de ida, contando la hora que estuvimos paraos porque el bus se escacharró. Encima parando en sitios sucísimos para ir al baño o comer, luego estuvimos todo el día a dieta de patatas fritas y agua.

    Descubrimos algo muy chulo. En muchos productos envasados existe un etiquetado especial. Un ejemplo es éste punto verde que significa que el producto es apto para una dieta vegetariana.

    También ponen este tipo de puntos en algunos menús de restaurantes, lo cual es muy útil para no tener que estar preguntando continuamente los ingredientes de cada cosa.

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    Vale, por fin llegamos. Lo que primero nos hace reír mucho es el increíble parecido de nuestro guía con Mariano Peña, actor de la serie Aída. Desde entonces le empezamos a llamar Mauricio.

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    mariano_pena

    Primero visitamos el fuerte de Agra.

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    En su época de esplendor, el interior debió de ser increíble. Había salas de cristal y cascadas de agua que iban de unas salas a otras.

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    Hay partes muy mal cuidadas y desprotegidas.

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    Sobre ese muro hay un perro. No sé si al otro lado el suelo está más bajo, pero alucino.

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    Desde aquí se ve el Taj Mahal.

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    Por fin volvemos al bus. Por fin llegamos al Taj Mahal, pero el hambre nos pone muy nerviosos y en la misma puerta del monumento, en donde nos han dicho que sólo tenemos hora y media, decidimos antes… ¡¡¡IR A COMER ALGO!!!

    Tras unos tristes sandwiches, corremos hacia el Taj. Tenemos 40 minutos.

    Pasamos los pertinentes cacheos con filas diferentes para chicos y para chicas.

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    A continuación andamos este pasillo.

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    Giramos y desde esta esquina ya se ve la cúpula.

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    Desde aquella puerta, hay que recorrer estos jardines para llegar.

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    Cuando por fin visualizamos el objetivo, ¡¡empieza a llover!!

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    La gente se empieza a recoger, nosotras pasamos y tiramos palante… ¡qué son cuatro gotas acostumbradas al monzón de Calcuta!

    Al acercarnos me doy cuenta de algo: existen miles-millones de fotos del Taj Mahal, fotos en plano general y distante que nos tienen casi hartos de su silueta. Pero a pesar de su fama apenas lo hemos contemplado en detalles.

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    Antes de entrar hay que quitarse los zapatos. Pero aquí no.

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    Es aquí.

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    Luego se suben unas escaleras, muy peligrosas si andas descalza y llueve. Que nos lo cuente Marian que todavía sufre una fisura en un hueso del culo por un resbalón exótico.

    Fijaos en el detalle de las alfombras. Resultan útiles sobre todo cuando el sol pica mucho, para no quemarte las plantas de los pies.

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    Atardece. Aquí los monumentos tienen horario natural: abren cuando amanece y cierran cuando anochece.

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    El suelo resbala.

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    Maribel decide usar las bolsitas-calcetín que dan con la compra de la entrada. Como no quema y está limpio, yo prefiero el contacto directo con el suelo.

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    Entramos y guardamos las cámaras, aunque yo veo a un par de personas que las están usando. ¿No es internacional saber que está prohibido fotografiar el interior? Aunque sea sólo por el misterio que han creado, ¡un poquito de respeto! XD

    Atención spoilers. Si vas a ver el Taj, no leas esto.

    Por dentro es más pequeño de lo que esperaba. Está oscuro. Hay mucho murmullo con tanta gente. Tras la entrada sólo hay una sala. En el centro están las dos tumbas, rodeadas por una verja blanca que apenas nos deja entender las formas que hay más allá. La rodeamos. Es breve pero impresiona. Y hay algo que llama la atención, una ruptura. En el centro está la tumba de la mujer y, a un lado, como añadida más tarde y rompiendo toda la simetría, la tumba de su marido.

    Fin spoilers.

    Ahora una ristra de leyendas:

    Cuentan que el Taj Mahal fue ordenado construir por un emperador en 1631 a la muerte de su esposa cuando estaba dando a luz su 14º hijo.

    Dicen que el emperador quería homenajearla de tal manera que mató a la mujer del arquitecto para que éste expresara con el edificio exactamente lo que sentía el emperador. También hablan de que a quienes participaron en la obra les arrancaron los ojos y les mutilaron para que no pudieran construir un edificio que hiciera sombra a éste.

    Comentan que cuando la obra acabó el emperador cayó enfermo y sus hijos le destronaron y le dieron arresto domiciliario en el fuerte de Agra -que ya conocéis- desde donde Sha Jahan (que así se llamaba) pasaba los días asomado a las terrazas y contemplando el mausoleo… la misma imagen que habéis visto en unas fotos más arriba.

    ¡El Taj Mahal y yo!

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    Nota.- Os recomiendo seriamente leer el artículo de la Wikipedia sobre el Taj Mahal.

    Nota.- Omito la segunda parte de esta excursión teniendo en cuenta lo mal que lo pasamos “secuestrados” visitando la casa de Krishna y el templo de Krishna, con todos nuestros respetos. Quien quiera leer la crónica personal e irrespetuosa de esa tarde -que envié al día siguiente a seleccionados contactos- que me lo pida personalmente.

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    Fotos de Maribel.

    Desde Ciudad Real me llegan estas fotos del viaje… Desde el avión pudimos ver los Annapurna.

    los anapurnas desde el vuelo calcuta-kathmandu

    El Tiburón!!

    el tiburón!!

    Cena en familia en el Vivek Hotel.

    cena familiar en el vivek

    Última despedida en el aeropuerto de Frankfurt.

    despedida aeropuerto frankfurt alemania

    En… ¡uno de los dos fuertes donde estuvimos!

    fuerte rojo

    Siete horitas… para recorrer los 200 kms que separan a Agra (donde está el Taj Mahal) y Delhi. Creo que al final no publicaré la “famosa” crónica del viajecito porque es demasiado coloquial y se puede interpretar como un ataque contra Krishna y todo lo que se nos cruzó.

    7 horas en bus pa 200 kms

    La vela y el libro de visitas del Tibet Peace Guest House.

    la vela y el libro de firmas

    Un arrozal en Shan-ti-ni-ke-tan!!

    arrozal

    Por la noche, cruzando una calle de Calcuta tras el monzón.

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    ¡¡Gracias, Maribel!!