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Parece que cuando perteneces a un grupo minorizado (que conste que no pongo minoritario), tienes que -de repente- convertirte en una persona ducha en la materia.

Si eres musulmana, te inquirirán por la calle por qué llevas ese pañuelo, por qué profesas una religión que tiene aspecto violento, por qué vives oprimida (estás oprimida, eso se da por supuesto).

Si eres transexual, te interrogarán igualmente. Por qué te operas. O por qué no lo haces. O por qué lo haces en parte. Por qué hay hombres transexuales que se quedan embarazados. No será que eres homosexual. ¿Cómo vas a ser homosexual y transexual a la vez?

Si eres lesbiana, también te proyectan una luz cegadora en la cara. Cuál es la causa. Por qué no te gustan los hombres. Por qué te gustan las mujeres. ¿Has probado acaso? ¿Crees que por eso vistes así? ¿Es porque jugabas con muñecos? ¿Tuviste alguna mala experiencia? ¿Fue por la educación?

Si eres…

De repente, tienes que contestar a miles de preguntas. Cuando el resto del personal, probablemente, tampoco sabría explicar demasiado bien por qué es normal*.

Dos cosas:

UNA. ¿Somos capaces de contestar a este tipo de preguntas? ¿Tenemos que ser capaces de responderlas? ¿Respondemos lo primero que se nos pasa por la cabeza o nos preparamos un poco? ¿Es importante que las respondamos mínimamente?

DOS. ¿Hacemos este tipo de preguntas a otras personas? ¿Se pueden estar sintiendo como en un interrogatorio? Por el hecho de pertenecer a dicho colectivo, ¿están obligadas a ser capaces de responderlas aquí y ahora? ¿Ser lesbiana te convierte en experta en lesbianismo? (jajaja) ¿Les descalificaremos verbal o mentalmente si no nos convencen? ¿Transmitiremos además esa impresión a más personas?

* Lo de “normal” me recuerda a veces a mi amiga del cole Estefa, que me decía a veces, con una fuerte convicción, “yo quiero ser normal, del montón”.

Hay noticias que nuestra lectura diagonal de todos los días no nos permite pasar por alto. El problema es cuando el titular no existe. O cuando sí lo hace, pero se limita a una pieza publicada en El Mundo en la sección Tribunales con un estilo más parecido a El Caso que a un medio de su peso o una nota de prensa de la FELGBT reproducida en webs de colectivos LGBT y blogs personales.

La historia de los últimos días de Roberto es jodidamente triste. No sólo por cómo acabó su vida, que es suficiente para querer decir basta y no saber más, sino por el ninguneo al que le han sometido los medios. Quizá cuando se retome el juicio o, cuando la sentencia vea la luz el ruido sea mayor; quizá lo sea porque la condena dictada es insuficiente y demasiado leve para no ser un “simple” homicidio sin coacciones ni daños a la integridad moral de la víctima. Veremos.

Por lo pronto, poco sabemos además de que las inculpadas se introdujeron en febrero de 2007 en el domicilio de Roberto —Concepción G. H. para El Mundo a lo largo de toda la noticia— “con la idea de ir ganando poco a poco su confianza hasta minar su voluntad”, según la Fiscalía, por lo que el trato que le otorgaron fue en todo momento “humillante y degradante”, aprovechando las dudas que tenía sobre su identidad sexual —dudas que le permitían participar activamente en la asociación El Hombre Transexual; es posible que la “duda” sólo la tenga el redactor de la noticia—. Ambas mujeres, además, “aprovecharon el rechazo que Concepción sentía por su cuerpo y la torturaron desnudándola y grabándola en vídeo, a sabiendas del sufrimiento que eso podría producirle. También le obligaron a vestir ropa femenina”, citando textualmente la nota de El Mundo.

“Concepción muere la madrugada del 1 de septiembre de 2007 sobre un colchón del suelo de su habitación, «desnuda y sucia», dice la Fiscalía.” Poco, o nada más sabemos, además de otros detales morbosos, al no haber sentencia aún.

Pero lo que sí conocemos de sobra es que, si no se habla de algo, es como si no existiera. Y un transexual FTM es sencillamente inasumible para un medio convencional hoy por hoy, a pesar de Chaz Bono.

Roberto no es un gay al que hayan apaleado un grupo de chicos enfurecidos y llenos de odio un sábado por la noche; no es otra mujer más, cruelmente asesinada por su marido violento, posesivo y anulador; no era un travesti al que tiraron de los tacones a patadas un grupo de machos con la bragueta caliente. Por no ser, no era ni quien decía ser. No era Roberto, era Concepción —¿no os ha quedado claro?— y ni después de muerto encaja en ningún sitio, por eso, mejor ni mentar su desgracia, no vaya a ser que nos incomode pensar que hay más como él por ahí sueltos.

Los medios han pasado de puntillas por este caso porque no encaja en ningún lado. Una mujer que quería ser hombre es retenida, torturada y asesinada finalmente por otras dos mujeres. Es el rizo del rizo y, para colmo, la transfobia, que por ser difícil, lo es hasta de pronunciar, se sigue asimilando con tedio a otras fobias que sólo son percibidas como algo cansino y victimista, tanto por medios como por la gente de la calle.

Y es que habrá más de uno que piense que “eso te pasa por cometer la extravagancia de empeñarte en que te llamasen Roberto cuando «en realidad» te llamabas Concepción.

Gracias a Olga Berrios por el aviso en su más que recomendable blog, labroma.org.

En diciembre os hablé de Roberto… Me encontré este artículo en una revista. No sabe la persona que lo escribió lo mucho que lo necesitaba.

robertoMe acabo de enterar. Mataron a Roberto.

Le conocí cuando estuve de voluntaria en El Hombre Transexual, una asociación de chicos transexuales.

Mientras nos preguntamos qué aclarará el juicio, Mario y yo leemos y nos indignamos con la cobertura que da El Mundo:

  • Le mencionan continuamente en femenino
  • Se regodean en detalles morbosos sobre el asesinato

En resumen:

  • Le dan muchos detalles morbosos a la ciudadanía, pero no suficientes elementos para entender qué es la transfobia, por qué existe y si se puede actuar. Es decir, elementos que nos den herramientas como ciudadanía
  • La noticia, para mí, pierde total credibilidad con este tratamiento. Cita datos de la Fiscalía… pero he acabado cuestionando todo

¿Cómo podrían haber publicado una mejor nota?

  • Respetando su identidad: era Roberto
  • No dando por hecho algo que aún no sabemos porque no hay juicio: ¿fue un asesinato transfobo?
  • Contextualizando la noticia: ¿qué pasa con el colectivo transexual en España?, ¿son comunes este tipo de crímenes?, ¿por qué este odio?, ¿qué medidas hay para proteger a estas personas?, ¿son suficientes?

Aquí tenéis la nota:

Piden 25 años a dos mujeres por matar a una transexual

La Audiencia Provincial acoge hoy la vista oral contra Dolores R.N. y Ainoa N.B., por varios presuntos delitos de homicidio, coacciones y contra la integridad moral. Les piden 25 años a cada una por la muerte de Concepción G.H., a quienes ellas no sólo presuntamente mataron a golpes, sino que hostigaron aprovechándose, según la Fiscalía, de sus dudas sobre su identidad sexual. Y es que Concepción, en realidad, quería llamarse Roberto.

Los hechos arrancan en 2006, cuando las procesadas se instalan en el domicilio de la mujer “con la idea de ir ganando poco a poco su confianza hasta minar su voluntad”, según la Fiscalía. En febrero de 2007, Dolores y Ainoa comienzan a encerrar a Concepción en su casa, y le dan constantemente un trato “humillante y degradante” con la excusa de que la mujer tenía problemas de identidad sexual y había comenzado una serie de cambios hormonales conducentes a hacerse llamar Roberto.

Las vejaciones continuaron. Las mujeres aprovecharon el rechazo que Concepción sentía por su cuerpo y la torturaron desnudándola y grabándola en vídeo, a sabiendas del sufrimiento que eso podría producirle. También le obligaron a vestir ropa femenina.

Concepción, al parecer intentó echarlas de su casa, pero los esfuerzos fueron vanos, tanto que las ahora acusadas consiguieron hacerle firmar un documento por el que las autorizaba a permanecer en el domicilio hasta que consiguieran uno propio y le prometía a una de ellas, Dolores, 1.200 euros.

Los vecinos escuchaban repetidamente gritos y golpes provenientes de la casa, y veían a la mujer por el edificio cada día más taciturna, sucia, con lesiones sin curar y desnutrida. El final de esta brutal historia es igual de dramático: Concepción muere la madrugada del 1 de septiembre de 2007 sobre un colchón del suelo de su habitación, «desnuda y sucia», dice la Fiscalía. La causa, traumatismos en la cabeza y un enorme hematoma. Se encontró su sangre en el marco de la ventana, en la persiana del salón y en el suelo de la habitación.

Más información:

¡Adiós, Roberto!

Hoy había convocada en Madrid una manifestación para reivindicar los derechos de las personas transexuales.

Manifestación "La transexualidad no es una enfermedad"

Reivindican que la transexualidad se borre de los listados internacionales de enfermedades mentales.

Manifestación "La transexualidad no es una enfermedad"

En 2012 revisan estos listados. Así que hay que seguir reivindicando.

Manifestación "La transexualidad no es una enfermedad"

Uno de los retos de una mani como ésta es preparar carteles y consignas… que rimen y la gente pueda comprender.

La más básica era esa de:

La transexualidad / no es una enfermedad

Pero claro, luego…

El eje del mal / es la transfobia patriarcal

Un bote / dos botes / psiquiatra el que no bote

Vamos a quemar / los manuales de enfermedad / y de paso / la unidad (de transtorno)

No es disforia / es euforia

No somos enfermas / somos diversas

Sacad vuestros rosarios / de nuestros transovarios

Y creo que han intentado rimar algo con la palabra “despatologización”.

Desde luego, la mayoría de la gente -incluyendo a muchas personas LGTB- no maneja conceptos como patriarcado, transfobia, transtorno de identidad de género, disforia de género, etc.

Manifestación "La transexualidad no es una enfermedad"

Lo que sí está claro es que es clave realizar movilizaciones por algo muy concreto. En este caso: borrar la transexualidad de un listado de enfermedades.

Está claro que de fondo está la lucha contra la marginación en general, pero de esta manera creo que puede haber más impacto mediático (los medios suelen buscar algo “tangible”) y es más fácil que el gobierno se comprometa a algo concreto que… a todo.

Y -pa acabar- un mostacho.

Curiosa esta campaña-canción en la que participan Cogam, una cadena de hoteles, Zero, la activista y actriz Carla Antonelli… y un cantante que sospecho que no es muy conocido.

Más allá de valorar la calidad artística… Estrategia comercial y mensaje activista unidos en la causa de hablar sobre la belleza, la perfección, la identidad… y hacer dinero también, a ser posible.

A través de la música, el colectivo LGTB ha recolectado y lanzado apoyos. Se autorefuerza. Y sobre todo con música bailable, más o menos divertida, provocadora y comercial.

Gracias, Mario.

Para no perder la práctica, anoto un par de cosas que cambiaría en la noticia La transexualidad adolescente ya no es tabú para que fuera más respetuosa con el colectivo de personas transexuales.

transexualidadadolescente

Empezaría cambiando la foto de un espectáculo travestí por una sobre adolescencia y transexualidad.

Tengo dos razones principales:

  • La primera es evitar que se relacione automáticamente la transexualidad con algo frívolo y espectacular.
  • La segunda es para evitar que se confunda el travestismo con la transexualidad. La Wikipedia, que es mu lista a veces, bien lo dice: “La principal diferencia entre la persona travestí y la transexual es que la primera acepta su sexo y su cuerpo, gustándole jugar con una doble identidad”.

Tendría cuidado con expresiones como “Hay una película estadounidense de 1999 Los chicos no lloran, en la que una muchacha (la actriz Hillary Swank) se hace pasar por un varón”. Un chico transexual no te dirá que se hace pasar por un varón, sino que es un varón con cuerpo de mujer… que quizá viste y actúa de una manera que culturalmente tenemos por masculina. Es más fácil de entender al revés: para él, el engaño consistiría en intentar hacerse pasar por una mujer.

Más consejos en El Semáforo.

Primer sondeo que analiza la violencia contra el colectivo LGTB, organizado por Cogam. Si eres lesbiana, bisexual, transexual o gay, ¡colabora!