Parece que cuando perteneces a un grupo minorizado (que conste que no pongo minoritario), tienes que -de repente- convertirte en una persona ducha en la materia.
Si eres musulmana, te inquirirán por la calle por qué llevas ese pañuelo, por qué profesas una religión que tiene aspecto violento, por qué vives oprimida (estás oprimida, eso se da por supuesto).
Si eres transexual, te interrogarán igualmente. Por qué te operas. O por qué no lo haces. O por qué lo haces en parte. Por qué hay hombres transexuales que se quedan embarazados. No será que eres homosexual. ¿Cómo vas a ser homosexual y transexual a la vez?
Si eres lesbiana, también te proyectan una luz cegadora en la cara. Cuál es la causa. Por qué no te gustan los hombres. Por qué te gustan las mujeres. ¿Has probado acaso? ¿Crees que por eso vistes así? ¿Es porque jugabas con muñecos? ¿Tuviste alguna mala experiencia? ¿Fue por la educación?
Si eres…
De repente, tienes que contestar a miles de preguntas. Cuando el resto del personal, probablemente, tampoco sabría explicar demasiado bien por qué es normal*.
Dos cosas:
UNA. ¿Somos capaces de contestar a este tipo de preguntas? ¿Tenemos que ser capaces de responderlas? ¿Respondemos lo primero que se nos pasa por la cabeza o nos preparamos un poco? ¿Es importante que las respondamos mínimamente?
DOS. ¿Hacemos este tipo de preguntas a otras personas? ¿Se pueden estar sintiendo como en un interrogatorio? Por el hecho de pertenecer a dicho colectivo, ¿están obligadas a ser capaces de responderlas aquí y ahora? ¿Ser lesbiana te convierte en experta en lesbianismo? (jajaja) ¿Les descalificaremos verbal o mentalmente si no nos convencen? ¿Transmitiremos además esa impresión a más personas?
* Lo de “normal” me recuerda a veces a mi amiga del cole Estefa, que me decía a veces, con una fuerte convicción, “yo quiero ser normal, del montón”.










