Según la Wikipedia, el decrecimiento es una corriente de pensamiento político, económico y social favorable a la disminución regular controlada de la producción económica con el objetivo de establecer una nueva relación de equilibrio entre el ser humano y la naturaleza, pero también entre los propios seres humanos.

Un párrafo que me ha parecido interesante del artículo:

Lógicamente, la perspectiva de decrecimiento para los países pobres no parece ser la más adecuada para su prosperidad. En este sentido la mayor parte de los ideólogos del decrecimiento se inclinan por que alcancen unos niveles aceptables de bienestar (independientemente de su crecimiento). Sin embargo, existe una cuestión importante, y es ¿Cuánto deben de decrecer los países desarrollados, y cuánto se les puede “permitir” crecer a los pobres para equilibrar la balanza?

taza sobre periódico con cita célebre - No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo - Evelyn Beatrice Hall (1968-1919)

“De hecho, [las ONG] nunca hemos tenido capacidad de hacer reflexionar a la sociedad sobre el desarrollo de nuestro país, lo trasladamos a otros países pero no asumimos que en nuestra casa también tiene que ser coherente y armónico”.

Josep Ribera, ex director del CIDOB, en la revista la magalla, traducido del catalán, marzo de 2010

Vía Jesús Barcos

  • Lo que estropea el diálogo y la tolerancia es la manipulación
  • Siempre hemos sido manipulados, fundamentalmente, permítanme que sea brutal, pero es así como yo lo veo, por las religiones
  • Cuando la ciudadanía no interviene, cuando no podemos hablar de nuestras ideas tranquilamente, cuando hay una verdad aplastante que no nos piden ni siquiera que entendamos sino que sólo aceptemos, realmente estamos ante el fundamentalismo cristiano, el fundamentalismo judío, el fundamentalismo musulmán
  • Todo debe pasar por nuestro entendimiento para que se establezca un debate interno, una confrontación
  • Creo que si acabamos aceptando lo que nos dicen los nuestros, simplemente por obediencia, estamos en falso
  • La prensa libre y la libertad de expresión dependen no solamente de las leyes, sino de todos nosotros. Tenemos que cumplirlas con convencimiento
  • El debate es la única forma de solidaridad que tenemos

Ideas de Rosa Regás durante un Seminario de Periodismo Solidario en 2001

graffiti hombre plantaHe tenido la oportunidad de ser voluntaria durante años. He trabajado en Haces Falta y en la Plataforma del Voluntariado de España.

De ahí que haya ido apuntando diferentes tipos de voluntariado. Entre ellos, podemos encontrar el voluntariado de base, implicado en actividades diarias, y el voluntariado político o de cargos, que se implica en las decisiones de la asociación.

Durante este tiempo, en todas las experiencias que he tenido, siempre he oído comentarios sobre cómo cierta gente, en las entidades más grandes y en otras representativas* de grupos de asociaciónes, aprovecha este tipo de voluntariados para promocionar su propia carrera política.

Es decir, hay personas que se presentan a estos cargos, que generalmente suponen mucha responsabilidad y dedicación, con la esperanza de codearse con empresas y grupos políticos y alcanzar más poder para su organización, pero también para su persona.

De hecho, me sorprende la cantidad de veces que he escuchado, por ejemplo, que el Consejo de la Juventud de España es un trampolín directo a la política.

Muchas veces estos comentarios se quedan en eso: chascarrillos, conversaciones de barra de bar. Otras veces son una forma de atacar a alguien.

El caso es que esto es algo que no recuerdo haber escuchado de forma seria en ningún congreso, jornada, publicación o charla sobre voluntariado.

Sí que aguantamos continuamente la abstracción, el topicazo de que “el voluntariado debe ser altruista”, pero poquitas veces han concretado en las formas, y menos en este aspecto.

En fin, si una persona válida acaba en política después de una trayectoria en el sector social, me parece fantástico. Más representantes con cierta idea del tema tendremos.

Pero como he sospechado, escuchado o comprobado que hay quienes postulan a cargos políticos en ONG para darse brillo y volar por las altas esferas, mientras descuidan sus tareas reales, pues quería apuntarlo y preguntarme qué tipo de medidas se podrían tomar y si alguien presente en la sala ha escuchado algún discurso público sobre esto alguna vez.

* = Representativas, real o supuestamente.

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Parece que cuando perteneces a un grupo minorizado (que conste que no pongo minoritario), tienes que -de repente- convertirte en una persona ducha en la materia.

Si eres musulmana, te inquirirán por la calle por qué llevas ese pañuelo, por qué profesas una religión que tiene aspecto violento, por qué vives oprimida (estás oprimida, eso se da por supuesto).

Si eres transexual, te interrogarán igualmente. Por qué te operas. O por qué no lo haces. O por qué lo haces en parte. Por qué hay hombres transexuales que se quedan embarazados. No será que eres homosexual. ¿Cómo vas a ser homosexual y transexual a la vez?

Si eres lesbiana, también te proyectan una luz cegadora en la cara. Cuál es la causa. Por qué no te gustan los hombres. Por qué te gustan las mujeres. ¿Has probado acaso? ¿Crees que por eso vistes así? ¿Es porque jugabas con muñecos? ¿Tuviste alguna mala experiencia? ¿Fue por la educación?

Si eres…

De repente, tienes que contestar a miles de preguntas. Cuando el resto del personal, probablemente, tampoco sabría explicar demasiado bien por qué es normal*.

Dos cosas:

UNA. ¿Somos capaces de contestar a este tipo de preguntas? ¿Tenemos que ser capaces de responderlas? ¿Respondemos lo primero que se nos pasa por la cabeza o nos preparamos un poco? ¿Es importante que las respondamos mínimamente?

DOS. ¿Hacemos este tipo de preguntas a otras personas? ¿Se pueden estar sintiendo como en un interrogatorio? Por el hecho de pertenecer a dicho colectivo, ¿están obligadas a ser capaces de responderlas aquí y ahora? ¿Ser lesbiana te convierte en experta en lesbianismo? (jajaja) ¿Les descalificaremos verbal o mentalmente si no nos convencen? ¿Transmitiremos además esa impresión a más personas?

* Lo de “normal” me recuerda a veces a mi amiga del cole Estefa, que me decía a veces, con una fuerte convicción, “yo quiero ser normal, del montón”.

Hoy me he leído “La ejecución de Troppman” de Ivan Turgueniev. Es un relato sobre la pena de muerte.

Me ha sorprendido las pocas palabras que necesita para relatar la experiencia que describe en el relato: presenciar una ejecución personalmente.

Y os dejo con una de sus últimas reflexiones:

¿Qué provecho he obtenido yo mismo? ¿Un sentimiento de admiración involuntaria por el asesino, el monstruo moral que ha dado pruebas de su desprecio por la muerte? ¿Cómo puede desear el legislador que se produzcan impresiones como la mía? ¿De qué objetivo moral se puede seguir hablando después de tantos desmentidos proporcionados por la experiencia?