La democracia que se pudre. La crisis que nos la comemos a cucharones. Y, para colmo, ahora la fiesta de la violencia. Y seguimos con la boquita callada. No es que no nos quejemos, es que encima lo celebramos.
Celebraremos en breve las elecciones, sin apenas pisar la calle por un sistema cada vez más injusto y opaco.
Celebramos las injusticias económicas y los dispendios, con una boda real y una visita papal. Porque son claras excepciones a la igualdad, ¿no lo entendéis?
Y ahora celebramos la violencia, con el asesinato de Osama Bin Laden sin juicio y sin acordarnos de ¿cómo era? ah, sí, lo de que en España está abolida la pena de muerte.
Ciudadanas y ciudadanos, os animo a escribir a al menos un medio de comunicación y protestar por esta celebración de la brutalidad.
Pasen y lean
- la_otra_agenda: ¿No es apología de la pena de muerte felicitarse por la muerte de Bin Laden ‘en nombre de la justicia’?
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s3ba: El mejor comentario del año escuchado: “Tenés que ser muy hijo de puta para que te mate el premio Nobel de la Paz !!”
- ¿Qué pedagogía sobre la violencia?
“Tres tazas de té” es uno de esos libros fantásticos, no por el estilo u originalidad, sino por la historia que encierra. Uno de esos de los que sé que -de tanto hablar de él- acabaré hartando al menos a dos o tres personas.
Todo comienza con un fracaso. Un alpinista que no logra ascender a la cima del K2, en Pakistán. Se pierde. Acaba en un pueblo que no aparece ni en los mapas. Se enamora de su gente. Conviven. Un día, bajo el paisaje de sus ansiadas montañas, se encuentra con otra visión que marcará el resto de su vida: un grupo de niñas y niños aprendiendo a la intemperie. No tienen espacio donde estudiar. Al despedirse, el alpinista hace una promesa. Construirá una escuela.
Página a página, se trama la aventura real de un hombre, Greg Mortenson, y de muchas más personas apoyándole en una lucha por cumplir esa promesa. Pero, para cumplirla, debe conocer a mucha gente, conocer realidades e indignarse ante ellas. Las promesas se multiplican. Al poco sospecharemos cómo la realidad de Pakistán le atrapará hasta acabar dedicándole su vida.
El libro es una lección sobre la apertura de mente. Sobre cómo el simple gesto de sentarse a tomar una, dos o tres tazas de té puede lograr que personas de países enfrentados se entiendan y se protejan.
Además, es un manifiesto personal contra la guerra en Afganistán, guerra que él mismo comenzó apoyando: “Sólo podremos vencer el terrorismo si las gentes de los países donde habitan los terroristas aprenden a amar y respetar a los americanos y si nosotros aprendemos a amar y respetar a esas gentes”.
De hecho, Mortenson es testigo de cómo muchos congresistas de Estados Unidos apenas saben qué está ocurriendo realmente en esa parte del mundo que están bombardeando.
También, al menos a mí me ocurre, acaba con una fuerza tremenda ante el descubrimiento de nuevos retos; fuerza que sorprendentemente te contagia, te hace levantar y querer apuntarte a un bombardeo…
“Habría nuevas lenguas que aprender, nuevas constumbres que transgredería antes de llegar a dominar. Seguiría pasando meses separado de su familia, viviendo peligros que no podía imaginar aún y que le acecharían en el camino como truenos. Vio aquella vida creciendo ante él con tanta claridad como con la que había visto la cumbre del Kilimanjaro de niño, con tanta intensidad como la incomparable pirámide del K2, que seguía rodando sus sueños”.
Cómo conseguir el libro
- En bibliotecas, con la signatura B MOR tre
- En librerías, por 10 € aproximadamente
- Sobre Greg Mortenson
- Sobre el Central Asia Institute, la organización de Mortenson
Actualización.-
Montse, en los comentarios, aporta el enlace a un reportaje que cuestiona la veracidad de muchos de los hechos narrados en este libro.
Actualización 2.-
Parece ser que van a investigar el tema. A ver si nos enteramos de algo.
Ali, gracias por la recomendación. Montse, gracias por los chivatazos.
Vídeo con las aspiraciones y deseos de las y los egipcios plasmados en sencillas pancartas elaboradas por participantes en la revolución de la plaza de Tahrir.
Madrid. 27 de febrero de 2010. Unas cuantas personas se concentran en la Puerta del Sol en solidaridad con Libia y denunciando los crímenes de Gadafi.
Al frente, muchas mujeres.
He leído por ahí que la oposición a Gadafi usa esta antigua bandera, la de la independencia, que ahora se retoma también como símbolo de la rebelión.
Carteles. Se usan muchas viñetas, ¿os habéis fijado?
Queman una foto de Gadafi.
Había poca gente.






















