El psiquiatra Luis Bonino los define como prácticas de dominación masculina en la vida cotidiana, que son imperceptibles y están en los límites de la evidencia.
Son microabusos y microviolencias que atentan contra la autonomía personal de la mujer convirtiéndola siempre en acusada: «Qué sabrás, calla la boca, no tienes ni idea, siempre lo exageras todo, estás loca». Tienen múltiples formas.
Una manifestación muy cotidiana de estos abusos es el uso expansivo del espacio físico. Éste se concibe como posesión masculina y se da por hecho que la mujer no lo necesita. En el hogar, por ejemplo, el varón invade con su ropa toda la casa, usa el sillón del salón para su siesta impidiendo el uso de este espacio común, monopoliza el televisor (y el mando para decidir qué se ve o qué no) u ocupa con sus piernas todo el espacio inferior de la mesa cuando se sienta a su alrededor, entre otras maniobras.
Si queremos relaciones igualitarias tenemos que acabar con el abuso en cualquiera de sus formas.
Columna de Cristina del Valle en 20 Minutos en 2005
















