Llevo unos días pasando por donde Harry -la puerta del mercado Maravillas de Bravo Murillo- y no lo encuentro. En su lugar hay otro chico negro, más alto y callado, con una capucha azul.

“¿Dónde está Harry?”, nos hemos preguntado entre varios compas.

Le echamos de menos, pero nos alegramos de que no esté ahí. El problema es que… en su lugar ahora hay otra persona… el chico de la capucha azul, ¿cómo se llamará?

Esta mañana llamé a Harry. Respondió muy serio. Tardó en reconocerme, pero cuando lo hizo su tono cambió mucho. ¡Es Harry!

¿Cómo está usted? ¿Dónde está usted? ¡No me llames de usted, ni soy tan mayor ni soy tan respetable!

Me fui para dedicarme a buscar ofertas de empleo. ¿Y los papeles? Aún no.

¿Éste es el número de teléfono de usted? Sí. Podemos vernos otro día, me dice. ¡Claro, para jugar al fútbol o echar unas canastas! Es lo que se me ocurre proponerle y lo que realmente me apetece hacer.

Salgo de trabajar. ¿Estará Harry en su puesto? Conforme me acerco, no veo su negro sobre el negro de la noche. ¡Es de noche! Claro que no va a estar, es tardísimo.

Paso el sitio de siempre. Yo a mis pensamientos. Entonces reconozco un rostro familiar. Sube Bravo Murillo. Apenas me sale el nombre. Se adelanta la sonrisa. Su cara la refleja. ¡¡Eeeeyy!! Grita para saludarme, su costumbre. La gente que nos rodea se gira un poco asustada.

De dónde vienes, de la abogada, qué tal, buf, muy aburrido, mucho papeleo. ¡Eres una persona importante! Las personas importantes tienen abogada, me río. Tú sí que eres importante, you teach me things everyday, cosas importantes de la vida. ¡Sí, te ilumino en cinco minutos de conversación cada dos semanas! Me burlo de él y de sus piropos. You’re crazy, boy. Me dice que es verdad, que llevaba un mal día y que se lo he alegrado con mis tonterías.

¿Cómo me has reconocido sin mi gorro negro? ¡No sé! Era complicado porque además te movías y nunca te he visto andar. Seguimos riendo.

I like your hair. Me pregunta si puede tocarme el pelo. ¡Claro! Lo hace. Toca un único pelo y lo tensa entre las puntas de dos de sus dedos.

Yo me escandalizo. Le explico que ante una cabeza rapada como la mía la gracia está en frotar con la palma de la mano toda la superficie. Le animo a que lo haga y le gusta la sensación. Pues seguro que a mi madre no le gusta, le confieso. Me voy a Jaén mañana.

Me hubiera gustado preguntarle por su madre, pero aparece una señora. Hi! Hi! Harry, me marcho. Os dejo hablar. See ya.

¡Hola! Arancha y yo acabamos de inaugurar Las chicas de Harry, una comunidad en la red social-banco del tiempo Kroonos.

Esta es su descripción:

Amigas y amigos por un mundo más justo. Tenemos una idea: ¡¡compartir nuestro tiempo!!

Harry es un amigo migrante que “vende” La Farola en Madrid. Su causa y otras más son las que nos unen.

Nuestra intención es estimular los intercambios de tiempo con un matiz comprometido.

Si quieres unirte y no tienes entrada en la red Kroonos, déjanos un comentario y te invitamos.

farola

Junto a Harry ahora hay un puesto de castañas asadas. Ambos llevamos un gorrito y estamos rapados. Nos hemos reído de la coincidencia.

- ¡Pareces más german! -me ha dicho en spanglish, carcajeándose.
- Y tú chino: tan bajito y siempre con los ojos rasgaos de tanto reírte.

Dice que está de papeleos. No sé qué de unos certificados, no sé qué del ayuntamiento y que “ya, me voy”.

- ¡A dónde! -he exclamado.
- Pues a trabajar y a estudiar un poquito.

Calcula que en tres meses probará que lleva aquí tres años (más en realidad). Es la forma que tiene de quedarse: arraigo. No ser nadie en años hasta que consigas papeles que prueben que lo eres, que has estado ahí entre las cáscaras pisadas de las castañas asadas y el gorro de “I love this game”.

Me he alegrado un montón. Le he preguntado cómo volveremos a vernos y me ha dado su teléfono.

Son ya cuatro años de saludarnos todas las mañanas. Yo de camino a la oficina y el instalándose en su ‘puesto de trabajo’

Se llama Harry y vende ‘La Farola’ frente al Mercado Maravillas.

Si algo le caracteriza es su sonrisa, su forma de dar los buenos días, su manera de preocuparse por las cosas y de estar pendiente de los detalles (“Ayer no te ví ¿todo bien?”)

Tiene relación con el barrio, le saludan los niños y las niñas cuando pasan de camino al colegio (mi hija Carmela le adora), las señoras mayores cuando van al mercado, el del kiosko, el del banco, los proveedores del mercado, los de los puestos de fruta ¡todo el mundo!

Olga dice que es el hombre que saluda y se plantea dedicarle una sección en su blog, desde aquí le digo que lo haga y que seguro con la Sección de Harry no hablará sólo de él, no reflejará sólo su realidad. Lo que seguro hará Olga con esa sección es visibilizar a todas las personas que están en la situación de Harry. Personas que viven en España, que tienen formación superior, que tienen ganas de seguir aprendiendo y aportando, pero que el sistema no les permite una oportunidad, no les da la opción de integrarse y les relega a una situación de marginalidad que apaga sus sonrisas.

Harry lleva 5 años en España y aún no tiene papeles. Todavía no puede plantearse otra alternativa, debe seguir ofreciendo un periódico a todo el mundo que pasa, extendiendo la mano para recoger las monedas que le ofrecen, pasando frío y calor y volviendo los sábados por la tarde cuando durante la semana “no han ido bien las cosas”. Harry no se ríe igual y tiene los ojos tristes… pero ¿tú cómo estarías?

Lo dice Arancha.

Hoy he vuelvo a ver a Harry. Últimamente le veo menos a menudo porque ya no voy andando al trabajo y el metro donde bajo no me pilla de camino por donde él suele estar.

Llevaba una sudadera deportiva que le quedaba muy bien y se lo he dicho. Él se ha partido de la risa.

Le he preguntado que si ha vuelto a estudiar castellano. Dice que está enfadado con el sistema. Que no puede seguir estudiando su carrera (es ingeniero) porque no tiene papeles. Y que cuando los tenga -dice que le quedan pocos meses para conseguirlos- podrá hacerlo. Pero que tendrá que saber mucho castellano. Se ha puesto triste porque dice que tardará mucho en volver al aula con todo el castellano que le queda por aprender.

Me he despedido y me ha pedido que me quedara más con él. Le he quitado el periódico que vende bromeando, diciendo que iba a ayudarle, y cuando se lo iba a ofrecer a una señora me lo ha quitado. Hubiera estado gracioso.

Cuando le he dado la espalda he pensado que sería bonito de dedicarle a Harry una sección en el blog. Si pulsáis ahí encontraréis otro artículo anterior y entenderéis un poco mejor quién es Harry, el hombre que saluda.

Conozco a Harry desde hace tiempo. No recuerdo cuándo fue la primera vez que le saludé. Recuerdo que le dije “Ah, ¿Harry?, pues te llamas como Harrison Ford” y se rió bien, cosa que por otra parte no es rara en él.

Y es que si algo le caracteriza es su simpatía extrema. Quien lo conoce coincidirá conmigo en que, si su nombre le viene a la mente, automáticamente te nace una sincera sonrisa en los labios.

Harry vive desde hace tres años en España, pero él es de Nigeria, donde sigue viviendo su familia. Un día se despertó y decidió que estaba cansado del ruído de los disparos. Se marchó.

Habla bastante castellano (y quiere aprender más, ¿algunas voluntaria o voluntario?), pero para conversaciones más profundas suele utilizar el spanglish.

Pasa las mañanas y las tardes de pie en frente del mercado. Saludando y saludando. Alguna señora se acerca. Le da una botellas para que las meta en el contenedor y a cambio le entrega algunas monedas. Otra señora suele regalarle yogures, según tengo entendido siempre caducados.

El resto del tiempo saluda y saluda, pocas veces estirando el brazo ofreciendo “La Farola”.

Harry es ingeniero y quiere seguir estudiando. Muchas y muchos de los que le saludamos cada día nos preguntamos qué hace ahí de pie todavía. Por qué sigue sin papeles. Y sobre todo, teniendo en cuenta que conoce a todo el barrio, por qué no es ya el relaciones públicas de cualquier negocio.

A mí me tiene conquistada, sobre todo desde que me dijo eso de “Tu cara gives hope”.