el blog de los proyectos de Olga Berrios

Activismos

Palabook: la red social que generan los caminos vecinales

Quizá ya sabéis a estas alturas que, tras la borrasca Filomena, muchas vecinas y vecinos hemos salido con palas a las calles para abrir caminos. La nieve y el hielo dificultan mucho moverse, sobre todo a personas con movilidad reducida.

No esperes organización. Sal a la calle

El sábado dejó de nevar por la tarde. Había visto por internet que había vecinas y vecinos organizándose por barrios. Consulté a una asociación vecinal de la zona si iban a hacer lo mismo. Me dijeron que no.

También consulté a vecinas de la huerta y estaban todavía muy atareadas con la nieve de sus casas.

Como jaenera que ha visto más bien poca nieve, tenía muchas dudas muy básicas de cómo participar: ¿por dónde empezar?, ¿qué será lo prioritario?, ¿qué necesitaré?, ¿sabré hacerlo?

Pero, Sofía me dijo: “tú sal a la calle y verás cómo la gente se anima”. Y así empezó todo.

Primer aprendizaje: a veces dependo/dependemos de que haya alguien que organice. Pero, ¿qué pasa si no hay organización? Tendemos a pensar que no sabremos hacerlo o que estaremos solas.

El caso es que no tiene por qué ser así. Si lo que haces tiene sentido y es visible, hay gente que se une. O puede ser, como me pasó a mí, que no encontré organización, pero sí encontré a un vecino y nos fuimos sumando más.

Toca batallita

Siento la historieta de la abuela cebolleta, pero ahí va.

Lo primero que hice fue armarme. Tardé mucho en llegar a la huerta. Soy muy patosa y me lo tomé con calma. Allí, además, la nieve llegaba por los muslos. Vi que mi primera tarea estaba en la propia huerta. Retirar nieve de los tejados de las casetas o desbloquear la puerta todo lo posible.

Luego, aprovechando que le llevaba una pala a otra vecina, visité puntos importantes del barrio: metro y centro de salud. Vi que, como me imaginaba, allí se había retirado ya nieve.

Solo con una pequeña vuelta descubrí que no tenía por qué haberme alejado: el problema estaba en las calles pequeñas como la mía. Así que empecé desde allí.

Palabook

Pala a punto de conectar 2 caminos vecinales

Al volver, descubrí a Guille, un vecino que estaba abriendo ya un camino vecinal en un cuestón de una calle tan secundaria que seguro que será de las últimas a las que llegarán las máquinas municipales. ¡Muy necesario!

Le consulté a él y ahí empezó el primer contacto. Acabamos uniendo su camino el de mi calle. Salieron algunos vecinos más a turnos (Ángel, Antonio, César…) con tablas de madera o palas propias o prestadas.

Además de asesorarme y conectar caminos, Guille fue el primero en pedirme prestada la pala un par de veces. Al día siguiente, el lunes, ahí seguía César.

Conectamos los caminos con otra calle. Para mi alegría, había muchos tramos hechos por otras vecinas y vecinos que solo había que conectar.

Durante la tarea, acabas charlando con mucha gente. La pareja que no tiene pala, pero te la pide y continúa para que descanses. La vecina de la tienda que graba. Las vecinas que charlan y agradecen desde las ventanas. El equipo de la empresa de paquetería que se une. El vecino que, como no tiene pala, sale con su escoba a barrer. La vecina que abrió camino con su rastrillo a primera hora y se alegra de que siga la conexión. La vecina que te pide prestada la pala para su terraza. El vecino que te da sal gorda.

De repente, los caminos vecinales se convierten en una especie de internet que nos conecta. Y las palas se convierten en una excusa: en el enchufe, el teléfono o el router para conectar.

De hecho, la pala que tengo ni siquiera es mía. Es de la Huerta de Tetuán. La huerta, por cierto, ha prestado su material para que muchas vecinas y vecinos puedan abrir caminos.

Hoy bromeaba con las hortelanas y hortelanos. Les decía: no sabéis la cantidad de vecinas y vecinos que he conocido gracias a la pala. ¡Es la red social de moda!

Y alguien ha respondido: ¡Palabook!

Pequeña consideración final

Conexión entre 2 caminos vecinales

De estos días, no echaré de menos la nieve helada. Aunque fue precioso verla caer, ha provocado un desastre. Pero sí echaré de menos la pala. Me explico.

Hay muchas personas que han criticado a las y los gobernantes que han llamado a la ciudadanía para retirar nieve. Comparto completamente la crítica.

El gobierno ha improvisado su actuación y ha abandonado algunos barrios.

Eso lo entiendo y lo comparto. Pero a la vez me preguntaba si el hecho de que tengamos todo dado y hecho por los servicios públicos (o privatizados) no provoca que al final las vecinas y los vecinos nos desconectemos con el cuidado del entorno.

También hay que matizar que “no está todo hecho o dado”. Sino que a menudo el problema es que las dificultades están invisibilizadas (la violencia machista, por ejemplo), infravaloradas (contaminación) o denostadas.

La nieve helada, en definitiva, nos ha dado un problema visible común y una posibilidad de conectar y colaborar evidente. ¿Cómo conseguir que el resto de las dificultades se vean así de claras como la nieve?

Leave a Reply