Últimamente he oído mucho sobre aquello de morir bonito. Me encanta el mensaje: acompañar los últimos días de una persona. Me aterra a la vez, supongo que por mis propios miedos y experiencia.

Cuando diagnosticaron a mi madre de cáncer sin curación el año pasado, como he contado por aquí, acudí a terapia. La psicóloga, y otras personas, me animaban a disfrutar de los últimos momentos. A mimar a mi madre.

Soy una persona muy cariñosa con cierta gente. Hay quien piensa que incluso lapa. No paré de acariciar, besar y mi mimar a mi madre durante esos meses. Pero la verdad es que no era algo que no hiciera antes.

También me documenté. Decoré la casa. Adapté la información. Le ayudaba a ejercitarse. Le aseaba. Seguí todos los consejos que pude.

El caso es que no disfruté esos días. Los odio.

Y por eso me gustaría decir aquí algo de forma muy clara: hay muchas personas que no mueren bonito. Que tienen una muerte desagradable e indigna.

Tú puedes acompañarles y quizá, como yo, puedas vivir con parecido terror la situación. O quizá con mucha paz.

Pero, desde luego, quizá sea bueno que lo tengas en cuenta. Que no creas que eres tú la culpable de que la muerte de esa persona no sea bonita. Porque a mí se me ha pasado mucho por la cabeza. Me sentía incapaz de endulzar una situación tan triste y dramática.

Hace poco, una compañera hablaba de una situación similar. Una persona cercana a ella también se acerca a sus últimos días. Pero, por lo que sea, le cuesta acompañarle en un camino más pacífico.

En su caso, mi madre tuvo no solo una enfermedad terrible y dolorosa, sino meses de cama e inmovilidad, auténtico terror y, desde mi punto de vista, muy mala atención a nivel psicológico y humano desde el sistema de salud, aunque muy correcto desde lo físico.

Hoy me hablan del perro de una amiga, a quien cariñosamente siempre hemos considerado presidente de un grupo de amistades, que también está sedado. Si no muere en un día, le pondrán la inyección. Alguien del grupo ha dicho: “Qué suerte ser perro y que te apliquen la eutanasia”.

Yo pensé en ella muchas veces. Estoy convencida de que se debía haber evitado al menos las últimas tres semanas de mi madre. Simplemente por humanidad.

Os dejo con algunas de las canciones favoritas de mi madre.