Llegó a nuestra vida en el peor momento. Nuestra madre había sido diagnosticada de un cáncer del que sabíamos que no se iba a curar. Llegó como una especie de Mary Poppins, pero a una película mucho más dura. Recuerdo que me convenció su acercamiento a mi madre, cómo le dio la mano y le sonrió con auténtica ternura. Procede de la India y lleva unos 25 años en España. En estos 6 meses, siempre me he preguntado cómo podríamos haberlo hecho sin ella. No puede haber trabajado más. A pesar de lesionarse, del cansancio, del dolor, de las horas sin su familia. También recuerdo haberle visto llorar de pena ante el dolor de mi madre. Recuerdo cómo le defendió cuando le trataron mal en el hospital. Recuerdo su eficacia y sus detalles en los cuidados. Recuerdo cómo se ha ido apagando su luz, al igual que la de mi madre y la de toda la familia, durante estos meses.
Mercy nos ha acompañado en el peor momento de nuestras vidas con un saber hacer lleno de dulzura, amabilidad y tesón. Y, por eso, no puedo más que agradecerle su existencia en nombre de toda nuestra familia.
Por cierto, en inglés, Mercy significa compasión.

Envié esta carta a Diario Jaén.
La publicaron el día 14 de noviembre de 2019.