Lesbiana, feminista, vegetariana. ¿Por qué son necesarias las etiquetas? ¿No sería genial que no existieran? Me han hecho varias veces esta pregunta. O he escuchado el comentario.

Me lo vuelvo a encontrar en este vídeo de Elsa. Coincido con ella. Las etiquetas son necesarias para no estar solas. Para identificar a otras personas como nosotras.

Y añado algo más.

¿Qué son las etiquetas? Y, más concretamente, ¿a qué llamamos o etiquetamos como etiqueta?

Para mí, las etiquetas son palabras a las que hemos asignado valores negativos. Quizá relacionados con la exclusión.

Profesora. Fontanera. Relojera. ¿Son etiquetas? No, ¿verdad? Y… ¿por qué no lo son?

Recuerdo a Luz silabeando a su madre, pavorosa ante el nuevo vocablo: “Leees, biaaa, naaa. Mamá, no es tan difícil”.

Recuerdo a la abuela negra de aquel documental celebrando las llamadas etiquetas: “¡Menos mal que ahora podemos decirlas, gritarlas! “.

Hay quienes aceptan las más comunes. Pero muestran más recelo con algunas más nuevas y específicas.

Yo creo que generan riqueza. No son de obligatoria incorporación a tu vocabulario. Pero te pueden ayudar a ampliar la mirada. Puedes incubarlas, observarlas, analizarlas. Y ese proceso también alimenta.

La lucha que tenemos muchas personas es que las palabras que nos describen, identifican y ayudan para construirnos no sean menos válidas que otras palabras y se clasifiquen como etiquetas.

Otra forma de decirlo: si la consideras etiqueta, es porque quizá tienes un problema con esa palabra. O porque la sociedad le asigna una connotación negativa.

En fin… ¿Son necesarias las etiquetas? ¿Qué etiquetas?