Hablábamos de las cifras grandes. Según las pautas de lectura fácil, se recomienda evitarlas y hablar de “muchas” o “pocas”. Nosotras, a veces, para explicar cantidades grandes, solemos compararlas con ciudades o países conocidos.

Por ejemplo:

En el mundo hay muchas personas que son refugiadas.
Son unas 65 millones de personas.
Son más personas de las que viven en Francia.

En este mapa puedes ver dónde está Francia
con color azul oscuro:

Francia en el mapa de Europa

La validadora se irritó:

–  ¡¿Y yo qué sé cuánta gente vive en Francia?!

Entonces se me ocurrió:

– Este finde has estado en el pueblo, ¿verdad?

Ella, sorprendida por el monumental cambio de tema, balbució un “sí”.

– ¿Hay más gente en Sevilla o en el pueblo?

– ¡En Sevilla!

– Vale, ¿y alguna vez has estado en Madrid?

– Sí…

– ¿Hay más gente en Madrid o en Sevilla?

– ¡En Madrid!

– Pues imagínate que en España hay muchas ciudades grandes como Madrid, Barcelona, Bilbao, Sevilla, Valencia… si piensas en ellas, en el país hay muchísima gente, ¿verdad?

– ¡Ojú, sí!

– Vale, pues en Francia viven más personas que en España. Imagínate ahora que todas fueran refugiadas. ¡Es una barbaridad!

La validadora se quedó meditabunda. Yo también. Comparar una cifra grande con un país o ciudad, si lo piensas, también da mucho proceso intelectual por sentado. Por ejemplo:

  1. Que sabes si hay o no mucha gente en ese país o ciudad
  2. Que activamente tu cerebro imagine un país entero como una población refugiada

Aquí había un ejemplo de cómo la lectura fácil no resuelve todo. Nunca conseguiremos que el contenido sea 100% accesible, pero lo será más, claro. Se necesitan otras estrategias y apoyos para identificar dificultades, generar habilidades y facilitar la comprensión.

 

Foto: marthelelièvre