Cuando tenía 12 años, en el barrio, Lidia, una niña  de 11 años, pasó por una operación muy grave. Volvió en silla de ruedas, con inmensas cicatrices en ambas rodillas. Me impresionó mucho cuando me dijeron:

– Ahora tiene que volver a aprende a andar.

¿Eso se olvida?, me pregunté.

¿Te imaginas que tuvieras que volver a aprender a caminar… o a hablar?

Últimamente le doy vueltas a eso. A volver a aprender a hablar. Por cierto, en qué temas más raros pienso, ¿no?

Lo de aprender a hablar otra vez me recuerda a cuando, en clase de dibujo, el profesor nos invitaba a aprender a dibujar con la otra mano. ¡Qué torpe me sentía! ¡Pero a la vez qué nuevo mundo por delante!, ¿verdad?

De repente, los vicios de la mano derecha se habían esfumado. Crecían nuevas formas. Ideas sugerentes. Un inmenso y fascinante misterio. Un territorio por descubrir. Había que inventarlo todo otra vez.

– No entiendo por qué esta cantante escribe todas sus letras en masculino, cuando está enamorada de una mujer.

Con ojos como platos recibí esta información hace días. Automáticamente, me puse una tarea. Pensé que debía volver a escuchar todas sus canciones pensando en mujeres. ¡Debía volver a aprender a escucharle! De repente, quizá entendería por qué hablaba tanto de sentimientos ocultos. Quizá incluso me sentiría más identificada con lo que cantaba.

Pero, ¿por qué ocultar el femenino? Me imaginé a su manager recomendándole, quizá obligándole por contrato, a usar el masculino para referirse en las letras a sus amores. Me pregunté si no era su propio miedo, y no su manager, lo que le llevaba a eso.

Me enfadé durante bastantes días. Pensé en todas las personas que necesitamos o hemos necesitado referentes. Historias, personas, que nos ayuden a encontrar vidas con las que identificarnos, con las que aprender posibles caminos, inspirarnos, reflejarnos, sentirnos acompañadas y construir.

Es 2018. Tienes muchos privilegios. Ayuda a quienes no lo tienen tan fácil.

Todo eso le dije mentalmente. Y luego me contesté: ¿Y yo qué sé? ¿Quién soy yo?

Luego me inventé situaciones bonitas. Como que esta cantante cantara en femenino sólo en sus conciertos, sólo en los momentos en los que su público quiere conocerle en persona.

Quizá, por miedo u otras razones, había empezado a componer en masculino. Y ahora tenía que aprender a volver a aprender a hablar… con el femenino. Como tantas personas que aprendemos a usar el lenguaje no sexista. Que es un poco también como volver a aprender a hablar. Quizá descubramos un territorio desconocido y hermoso. Quién sabe.

 

Ilustración: Joan M. Mas