Me encanta descubrir o que me descubran detalles de esos que pasan desapercibidos en el día a día. Y encima a veces son detalles que, a su vez, esconden significados o simbolizan algo valioso.

Estos días participo en la Madrid Accessibility Week, una semana de visitas y actividades intensivas que forman parte del Máster de la Universidad de Jaén sobre accesibilidad que estoy cursando.

Ayer la tarea consistía en realizar una evaluación grupal de la accesibilidad de El Parque del Retiro de Madrid. Echamos fotos, grabamos vídeos, charlamos, entrevistamos, nos reímos… Entre los testimonios que escuchamos, quería destacar el de un hombre con baja visión.

Él señaló su gorra. Dijo que los árboles no se podan como se debería. A menudo, choca con ramas bajas que invaden los caminos. De hecho, procura caminar por el centro y evitar la sombra por eso. Aunque haga mucho sol. La visera de la gorra, además, le protege de las ramas.

Al escuchar esto, pensé en cómo -cuando paseamos- ignoramos detalles como que una simple gorra sirva de escudo para esas personas a quienes no escuchamos ni tenemos en mente lo suficiente. Una simple gorra nos puede hablar de las condiciones de accesibilidad e incumplimiento de derechos.

Ahora mirar una gorra quizá me recuerde, y os recuerde a quienes leéis esto, que la accesibilidad no es solo cuestión de rampas. También se trata de contar con la altura suficiente para pasar. Sin esquinas, dinteles, salientes o ramas.