Estos días he cumplido un sueño súper genial: el viaje más épico y simbólico de mi vida. Os lo cuento con todo detalle y además os aviso: cuando me voy de viaje en bici, se me acumulan las batallitas.

Primero… ¡el resumen en vídeo!

¿Cómo empezó todo? ¿Por qué se nos ocurrió viajar en bici de Madrid a Jaén?

Yo soy de Jaén y vivo en Madrid desde los 18 años. Hace varios años empecé a emocionarme con el cicloturismo. He pedaleado por países como Austria, Alemania, Francia, Holanda, Italia, Hungría, Chequia, Eslovaquia… En España he hecho alguna ruta viajera por Asturias, dos veces el Canal de Castilla o una la de Uclés. Pero nunca más de tres días.

Es decir, he viajado mucho por otros países, pero en España me he dedicado a rutas pequeñas. Básicamente porque el Camino de Santiago no me llama y el resto siempre he sospechado que está muy poco preparado.

Cuando voy y vuelvo de visita a Jaén, lo hago en tren. Siempre, desde la ventanilla, observo los caminos y fantaseo con recorrer el trayecto en bici. Hace cuatro años, hice la ruta de Madrid a Aranjuez, que podría decirse que es una primera aproximación. Aranjuez es justo la parada de tren anterior a llegar a Madrid. Faltaba… ¡el resto! Así que, tras mucho decirlo, llegó el momento casi perfecto para la aventura.

¿Cómo preparamos la ruta? ¿Pudimos evitar las carreteras?

La mayoría de los viajes los solemos tener prácticamente preparados gracias a las fabulosas guías de la editorial Esterbauer. En este viaje, la pregunta principal que nos hacíamos y que nos han hecho es: ¿habéis encontrado buenos caminos? ¿no os da miedo acabar en una carretera de mucho tráfico?

A este punto es al que dedicamos más tiempo: mezclamos varias rutas que encontramos en Wikiloc, más algunas indicaciones y pistas de Google Maps. Ahí no sólo nos basamos en las indicaciones para bicicleta, sino también en la información sobre el desnivel o, incluso, usando a Pegman, el muñequito que lanzado sobre un camino, te muestra su vista en foto con Google Street View.

Así comprobamos el estado de los caminos, nos decicimos por el tipo de carretera menos transitada, etc.

Con toda esta información, compusimos nuestra propia ruta personalizada y la guardamos en Google. La exportamos y seguimos combinando dos aplicaciones: el propio Google Maps y la app Mapas de España.

¿Dónde dormíamos?

En otros cicloviajes, solemos dormir en camping, con tienda de campaña. Sin embargo, todavía hace demasiado frío para nuestro gusto. Y, sobre todo, pensamos que en esta zona de España aún no hay suficientes recursos como para recurrir a esta forma de alojarse.

Así que hemos dormido en hostales, hoteles y casas rurales que encontramos por el camino. Aunque teníamos una estimación de en qué pueblos pararíamos, ésta no se cumplió porque cada día es diferente y puedes cubrir más o menos distancia. Siempre hay sorpresas. Así que los íbamos reservando en el día, conforme veíamos cuánta distancia podríamos recorrer.

Teníamos una estimación de recorrer unos 70 kilómetros al día. Buscamos un par de alojamientos en cada localidad de la ruta cercanas a esos puntos. Pero, incluso, durante el trayecto, incluso cambiamos de dirección en algún momento.

Siendo ovolactovegetarianas, ¿cómo hemos logrado no morir de hambre?

Llevábamos encima manzanas, galletas de arroz, nueces, almendras y ese tipo de cosas. En los pueblos, a media mañana, parábamos a por bocatas de queso y tomate y tortilla francesa y tomate. Al cuarto día, ya nos habíamos hartado de la misma dieta y empezamos a comprar cremas de verdura en tetra brick y comerlas frías. Las cenas sí eran un poco más variadas: pasta, pizza, alcachofas…

¿Cuánto habéis tardado y cuántos kilómetros habéis hecho?

Hemos tardado 6 días en los que hemos recorrido un total de 397 kilómetros.

Aquí tenéis una tabla con el desglose:

Día Parada en Kilómetros Kilómetros acumulados
1 Ocaña 78 78
2 Alcázar de San Juan 81 159
3 San Carlos del Valle 73 232
4 Aldeaquemada 60 292
5 Vilches 40 332
6 Jaén 65 397

¿Qué destacaríais de cada jornada?

En Ocaña, me encantó la Fuente Grande. No conocía este monumento. Me sorprendió que parece que lo tienen un poco abandonado. Sería bonito que se organizaran muchas actividades a su alrededor.

La segunda jornada nos hizo muchísimo viento: 20 kilómetros por hora en contra.

Iglesia de San Carlos del Valle

Iglesia de San Carlos del Valle

En San Carlos del Valle, me sorprendió la “entrada triunfal”. Cuando viajo, a veces observo si la entrada a cada pueblo o ciudad es bonita. Generalmente, las entradas están muy descuidadas. Hay mucha industria y no se piensa en una bienvenida un poco más bella. Sin embargo, la entrada en bici a este pueblo es absolutamente preciosa. Te acercas por una pequeña carretera recta. El pueblo está entre unas colinas y, en él, se alza una espectacular iglesia.

En Aldeaquemada, destacaría la casa rural donde dormimos: La Cimbarra. Me encanta el estilo, cómo nos trataron y lo rico que comimos allí. Además, hicimos un amigo… ¡¡¡Nico!!!

El paisaje más espectacular es que de llegada a Aldeaquemada y toda la ruta desde allí a Vilches. Aunque, claro, es la parte más difícil físicamente.

¿Cuál ha sido la parte más difícil del viaje?

Esther.- Para mí, el segundo día fue la jornada más complicada. Fue la jornada más larga: más de seis horas en la bici y un viento de 20 kilómetros por hora en contra. Además, estaba malita y me costaba mucho respirar.

Olga.- Para mí, el día más complicado fue el día 5 de Aldeaquemada a Vilches. -Por un lado, fue el más exigente físicamente debido al desnivel del terreno y el estado de muchos caminos, llenos de polvo, arena o bien piedras. Pero, por otro, para mí fue el día más dramático psicológicamente. Tras 20 minutos de cuestas arriba y abajo y mucho calor encontramos una verja cerrada. No había forma de pasar y perdimos otros 20 minutos volviendo a deshacer el camino.

Teníamos otra alternativa y ¡adivina! encontramos otra verja. En esta ocasión, tras un momento de crisis inicial, hallamos un agujero por el que colarnos. El propio disgusto porque a la gente le dé por cerrar rutas y no informar, el tiempo perdido, más el cansancio acumulado, hicieron que el camino me resultara aún más duro de lo que era. Lo disfruté un poco menos temiendo encontrar más verjas o caminos que directamente se han eliminado para cultivar, lo cual también ocurre.

Una de mis reflexiones personales, que refuerza este viaje, es que odio estas situaciones porque demuestra cómo decisiones de personas, y no tanto la climatología o cualquier otra razón, pueden empeorarte una bonita experiencia. La verdad es que con un sencillo cartel a tiempo, el disgusto se hubiera evitado. Sin embargo, parece que se prefieren colocar decenas de carteles que no aportan ningún valor informativo, por ejemplo, señalar que la sierra es un “Paraje natural”, mientras que no había prácticamente ninguno indicando direcciones o posibles cierres de camino.

¿Qué nos ha gustado más?

Esther.- Mi etapa preferida ha sido la de Aldeaquemada a Vilches. Era la etapa más retante, más dura físicamente. Suponía además el cruce de Sierra Morena. Me ha gustado porque estaba muy enfocada y creo que también animar a Olga, que estaba más apagada ese día. La sensación de conquista y de superación personal al llegar a Vilches fue espectacular. Otro punto muy importante para mi ha sido la llegada a Linares. Emocionalmente, ha sido muy simbólico porque mis abuelos eran de allí, he ido un montón de veces. Se tardaba mucho en ir en coche de pequeña y ahora ¡¡hemos conseguido llegar en bici!!

Olga.- Evidentemente, cumplir un sueño que tenía desde hace muchos años. También me encanta la sensación de súper heroína. Me he divertido mucho con los abuelos que nos preguntaban dónde íbamos tan cargadas con las alforjas y su cara al escuchar nuestra respuesta. Cruzarnos con un montón de animales es algo que me encanta. Y, por supuesto, lo propio del cicloturismo: desconectar, la mente en blanco, recorrer largas distancias con tu propio esfuerzo, la sensación de libertad…

¿Qué animales hemos visto?

Un montón de conejos, cinco corzos, una culebrilla, caballos, vacas, ovejas y algo que no hemos identificado pero que tenía aspecto de nutria.

¿Alguna anécdota más?

Además, en cada pueblo teníamos que hacer cata de agua para decidir si comprar agua embotellada o rellenar los bidones con agua de grifo. Por cierto, ¡qué mala está el agua de Ocaña para tener una fuente tan grande y monumental! Supongo que por eso está vacía  jajaja

También en algún momento me acordé de la película “Mad Max: furia en la carretera”. En ella, salen muchas escenas de grandes vehículos corriendo por el desierto y levantando grandes nubes de polvo. Nosotras hemos tragado mucho polvo ya que, como no ha llovido, los pocos coches y todoterrenos con los que nos cruzábamos levantaban nubes tipo Mad Max que nos rodeaban.

Algunas de las frases más repetidas del viaje:

  • ¿Hoy será un buen día para ver conejos?
  • ¿Estará rica el agua aquí?
  • ¿Nos darán algo de cenar? No quiero más tortilla
  • ¿Me enseñas otra vez el perfil de la ruta?
  • Ay, qué bonito es Nico
  • ¿Quieres una fresita?
  • Se me ha salido la cadena
  • ¿Te has echado crema?
  • ¿Has estirado?
  • ¿Quieres agua?
  • ¿Cuánto queda?
  • ¡Hemos llegado! ¡Hemos llegado! ¡Jo, hemos llegado!

Conclusión: ¡¡¡UNA EXPERIENCIA ESPECTACULAR Y UN SUEÑO CUMPLIDO!!!