Ayer fuimos a visitar la exposición “La belleza de lo cotidiano” en la Fundación Canal de Madrid. Es una exposición que muestra fotos de Robert Doisneau. Nos enteramos gracias a Agenda Tetuán, de la que os hablaré en otro post.

Muchas de las imágenes de Doisneau que se mostraban son espontáneas, divertidas, curiosas… hacen de lo cotidiano una anécdota simpática y agradable.

Fotografiaba desde momentos de vacaciones, hacía reportajes publicitarios de coches o campos de golf. Tan pronto acompañaba a la trashumancia o a un violonchelista.

Os dejo algunas fotos de la página de su taller de fotografía.

Una mujer en la playa con un sombrero peludo junto a una bolsa que lleva el mismo sombrero. Por el sombrero, ambos parecen personajes.

Les sables D’olone – 1959 – Robert Doisneau

Una mujer en la playa con un sombrero peludo junto a una bolsa que lleva el mismo sombrero. Por el sombrero, ambos parecen personajes.

L’agneau sur l’âne – 1958 – Robert Doisneau

En primer plano, un burro va cargado con bártulos y, entre ellos, asoma la cabecita de un corderito o corderita. Detrás y hacia el fondo se extiende un rebaño de ovejas, árboles y cielo.

La Femme au volant – plaquette publicitaire – Août 1961

Una mujer trata de pedalear mientras un hombre le persigue. Parece que intenta que no se caiga. La mujer saca la lengua hacia un lado.

Le violoncelle sous la pluie, Paris – 1957

Un violonchelista con gabardina bajo la lluvia tapa con su paraguas a su violonchelo.

Sólo de estas fotos, me surgen algunas ideas:

  • Cuidamos al corderito, al violonchelo, a la mujer que empieza a aprender pedalear o incluso a la bolsa que llevamos a la playa (ponle el sombrero, no sea que le dé una insolación con tanto sol)
  • Las fotos comparten puntos de simpatía: el sombrero repetido, la lengua de la ciclista que contrasta con el gesto y la postura del señor preocupado por su integridad física…

Sobre esta simpatía, os dejo también este fragmento de una de las fotos expuestas que vimos ayer. Fijaos en el sombrero de la señora, con figuras de una ciclista y un agricultor en su ala.

señora con sombrero pintoresco Robert Doisneau

Esta foto es de un reportaje que hizo de una decena de campos de golf que se construyeron en el desierto. A las y los protagonistas les retrata casi como gente marciana. Para mí, se puede interpretar una crítica en su estrambótica cotidianidad. Pero también es capaz de extraer y compartir diversión y ternura en su mirada.

Ideas de Doisneau

De la exposición, querría destacar este par de textos:

Uno de sus rasgos más llamativos fue su empeño en mostrar la vida no como es, sino como a él le hubiera gustado que fuera.

Decía Doisneau en 1990:

El mundo que intentaba mostrar era un mundo en el que yo me sentiría bien, en el que la gente sería amable y en el que encontraría la ternura que deseo recibir. Mis fotos eran como una prueba de que este mundo puede existir.

Una reflexión sobre la suavidad

Me siento muy identificada. Me gusta y valoro la fotografía y -en general- los mensajes de denuncia y protesta. Pero a menudo también necesito fotografiar y comunicar el mundo como me gustaría que fuera.

A veces tengo el dilema de si mis mensajes o algunas de mis aficiones no son lo suficientemente guerreras, protestonas, activistas, etc. Llevo un tiempo pensando en ello y se me ocurre lo siguiente.

Quiero sentirme una activista del pacifismo, una guerrera de la suavidad… que intente que mis tonos no sean hostiles no quiere decir que no vea y deplore las injusticias.

Como decía, creo que debe haber mensajes de denuncia, pero también mensajes, imágenes que nos muestren tanto el presente como el horizonte que queremos. Uno en el que no se comprende la violencia. Uno en el que las personas se preocupan por los animales, montan en bici, cuidan a los objetos (y sobre todo a objetos tan fundamentales como un violonchelo) o bromean protegiendo del sol con un sombrero a una bolsa.

En esa utopía, para mí la suavidad, la ternura y la amabilidad son protagónicas. Existiría un Manifiesto por la Suavidad, ministerios, congresos internacionales, libros de historia de la suavidad…

Idea: el directorio amigable de cada edificio

montaje de edificio seccionado Robert Doisneau

En la exposición, se mostraba este fotomontaje de obras de Robert Doisneau. Si os fijáis, sobre la foto de la fachada de un edificio, se han ido pegando fotos de interiores. En esos interiores, se pueden ver varias situaciones: dos personas ensayando con instrumentos, una mujer estirando, bebés desnudos que parecen estar a punto de entrar a la bañera…

Es como si pudieras ver el interior de lo que ocurre en el edificio. Recuerda mucho a la serie de 13, Rue del Percebe de Francisco Ibáñez. Os enlazo un ejemplo.

Imaginaos que en cada edificio se hace algo similar al montaje de Doisneau. Un montaje que se podría colocar, por ejemplo, cerca de los buzones. La foto sería la del propio edificio. Estaría seccionado y, quien quisiera, podría incluir la foto de quien viven en cada piso o sección en el que se muestre una afición o rasgo.

Por ejemplo, el señor Carlos del bajo saldría cuidando a sus pájaros, la señora del primero cantando mientras cocina, las chicas del segundo con sus bicis y el señor del tercero con un puzzle.

Así, cuando te mudas al edificio, podrías saber quiénes son tus vecinas y vecinos, en un mundo en el que actualmente les conoces a los años, si acaso les conoces. Además, incluso, se podría guardar el histórico para saber quién y cómo era la persona que vivió en el edificio o en tu piso antes que tú.

Como veis, es una imagen idílica, pero también tiene en cuenta la realidad. Es decir, es una idea para un mundo en el que se lucha o se entiende que ya se han superado miedos, falta de sociabilidad y los conflictos vecinales. Es un mundo en el que no hay tanta preocupación por la privacidad porque la gente no usa de forma perversa la información.

A veces, me da la sensación de que se puede criticar este tipo de mensajes por su ingenuidad: estás imaginando algo que no es posible, no conoces las injusticias que existen. Pero, para mí, es una idea que me ayuda a imaginar el mundo que me gustaría. En este post, estoy verbalizando los problemas actuales que impiden que se produzca. Pero podría no haberlos verbalizado y aún así ser consciente de ellos.

El camino hacia esa suavidad

Para mí, la suavidad significa un mundo inclusivo y justo, en el que las personas se tratan de forma amable y amistosa. En el que cuidamos a los objetos, a otros seres y al entorno.

Creo que ya estamos dando pasos y os cuento dos ejemplos de esta misma exposición. Según el folleto informativo, se ofrecen visitas guiadas para que las personas sordas o ciegas puedan disfrutarla. La accesibilidad es un paso fundamental.

folleto informativo de una exposición de fundación canal

En esa línea, otra idea sería que las visitas guiadas, y en general toda la exposición y el edificio, fuera accesible cognitivamente. Esto se podría hacer:

  • adaptando textos que se exponen
  • creando un cuaderno de apoyo con Mefacilyta con información, preguntas para hacerte en cada imagen de la exposición o con detalles que puedes observar
  • o mejorando las señales del edificio y de la exposición
  • .

Y otra idea es que la rampa para facilitar la accesibilidad física a ciertas zonas del edificio no obligue a las personas con silla de ruedas a salirse del edificio y dar una vuelta si quieren, por ejemplo, ir del auditorio al baño.

Otro ejemplo de pasos hacia la suavidad.

Al salir, vimos que las lonas de las exposición de la Fundación Canal tienen una segunda vida. Se reciclan y con ellas se crean bolsos y complementos que se pueden comprar allí mismo.

reciclaje de lonas de exposiciones de fundación canal

Como conclusión, algo que ya he comentado en este blog alguna vez. Un indicador de que una exposición, libro u obra en general tiene éxito -para mí- es cuando vuelvo a casa cargada de reflexiones e ideas.