En casa, la suavidad es un asunto fundamental en la agenda política. Os pongo un ejemplo: nos hemos propuesto no alzar la voz, ni siquiera cuando estás en una habitación diferente, sino acercarse para decirse las cosas.

Parece algo pequeño, y sin embargo para mí ha supuesto un ejemplo fenomenal en la forma relacionarme. Es un modo de recordarme que tengo que intentar priorizar en general la amabilidad sobre los nervios, ansiedades y otros.

Fuera de casa, el mundo suele ser feroz.

El empujón definitivo para publicar este artículo

Llevo mucho tiempo rumiando un artículo sobre este tema. El empujón definitivo me lo ha dado una anécdota que me ha ocurrido hace relativamente poco.

Montaba en bicicleta. Alguien se me acercó para pedirme grabar una escena en la que saliera yo. Le pedí no salir. Esta persona me contestó de forma desagradable. No quise ni dar ni esperar más explicaciones. Su tono de respuesta me parecía suficientemente irrespetuoso como para reforzar mi negativa. En lugar de aceptar mi decisión o solicitar ampliar la conversación, me había atacado.

Finalmente, esta persona desoyó mi petición y agregó una escena al vídeo en la que yo aparecía. Otra persona me ha reconocido y avisado. Así que, he escrito a la organización responsable del vídeo para solicitar la eliminación de la escena.

Quienes me conocéis, sabéis que no suelo poner mucho problema para involucrarme en el activismo. Todo lo contrario. Pero les he solicitado que, por favor, borren esta escena porque la suya no me parece una manera correcta de promover la participación ciudadana.

Otro ejemplo de tonos hostiles

Este no es un artículo sólo sobre la causa del ciclismo urbano o la pacificación del transporte. Sino sobre todas las causas en general. El caso es que coinciden dos ejemplos de esta causa para explicar lo que ronda mi cabeza.

Me refiero a que también llevo un tiempo siguiendo y observando las discusiones en redes sociales, especialmente Twitter, sobre el uso de la bicicleta en ciudades como Madrid.

Observo a ciclistas contra el uso del carril bici burlándose y cargando contra ciclistas que lo usan. Ciclistas pro arcén atacando a ciclistas pro aceras. Observo a cochistas burlándose de las y los ciclistas que ven o vemos el uso de la bicicleta como algo idílico y perfecto, sin mencionar apenas a quienes usan penosamente este sistema de transorte.

La pacificación de las discusiones

Mi interés no se encuentra tanto en quién lleva razón, sino en el tono de la discusión. Me llama especialmente la atención el tono -habitualmente hostil- sobre todo cuando se está solicitando la pacificación del tráfico en las ciudades.

Me parece incoherente solicitar la paz del tráfico cuando nuestros modos no son pacíficos. Entiendo que a veces se pierde la paciencia, pero también encuentro más convincente a alguien que es capaz de contestarme con tranquilidad y buenos argumentos que a alguien que carga.

Creo que, en cualquier causa, se debería velar por la pacificación del tono del discurso. No quiere decir que no digamos las cosas con firmeza, sí, por favor. Quiero pedir que las digamos con firmeza, pero evitando en lo posible -y en los momentos que consideremos adecuados- la brusquedad y la sorna.

La necesaria paciencia al contestar

Todo este discurso me lo aplico a mí misma. Yo también pierdo las ganas a menudo. Quizá ya habéis visto el famoso vídeo del alcalde de Alcorcón, atacando al feminismo. Mi primera respuesta al verlo fue este comentario: “Qué vergüenza”. No aportaba nada de valor.

Lo he estado pensando. Si alguien se acaba prácticamente de conectar, y no me refiero a internet, sino al debate sobre el feminismo, quizá no ha escuchado más que tópicos. Y mi respuesta no le ofrece ninguna información de interés. Sólo aporto rabia.

Pero, si contesto sosegadamente, recordando lo que el feminismo es y por qué creo que este señor no sólo no tiene razón, sino que ataca sin haberse informado convenientemente, posiblemente mi mensaje sea de mayor utilidad.

Quién sabe si -incluso- mi tono le puede alejar más del asunto que acercarle.

Ideas para un manifiesto por la suavidad

Sospecho éste es un asunto tan interesante para mí que este artículo es una mera aproximación. Me gustaría compartir algunas ideas para un posible manifiesto por la suavidad:

  • Intentaré buscar un espacio y tiempo adecuado para contestar
  • Intentaré escuchar a la persona y entender sus razones, antes de contestar
  • Si no les conozco, intentaré recordar que mi interlocutoras no tienen por qué tener suficiente información sobre el asunto que tratamos. De hecho, es posible que sólo hayan escuchado tópicos
  • Intentaré recordar también que no hay suficiente extensión de la cultura de la suavidad por el mundo, así que es posible que las personas contesten con un tono atacante. Yo no tengo por qué igualar o reforzar ese tono
  • Intentaré responde de la forma más paciente y pedagógica que pueda

 

Cuéntame

  • ¿Encuentras mucha hostilidad en alguna causa? ¿Compartes algún ejemplo de algo que hayas visto o te haya pasado?
  • ¿Qué otros consejos pro suavidad darías?