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el blog de los proyectos de Olga Berrios

Accesibilidad cognitiva

Notas del libro “Accesibilidad de los museos”

portada del libro de la accesibilidad en los museos de Galicia

Llevo buena parte del libro “Accesibilidad de los museos: visiones y perspectivas. Una propuesta de intervención en Galicia”, autores y autoras varias, Andavira editora.

El libro recopila una serie de artículos y nace de la experiencia de varias personas visitando y evaluando la accesibilidad de museos gallegos.

Del libro me interesa especialmente la accesibilidad cognitiva. Se trata de la cualidad que tienen las cosas (objetos, espacios, servicios…) de ser entendidas. La accesibilidad cognitiva es un derecho de todas y todos, pero beneficia especialmente a perfiles como el de las personas con discapacidad intelectual, mayores o infancia.

Como el libro es largo y se me acumulan, comparto algunas notas:

  • Una idea principal que transmite el libro es que, en los museos, no nos podemos limitar a mejorar la accesibilidad de las salas, sino también también debemos preocuparnos por la accesibilidad cognitiva de los contenidos. Los museos pueden ser espacios físicos, aplicaciones, estar en la calle… pero no tiene sentido que entendamos el continente (el entorno) si no entendemos el contenido (lo que está expuesto). Podremos ir allí, pero no comprenderemos lo que allí hay. (Página 15)
  • Los museos y en general exposiciones no pueden ser un lugar elitista, con contenidos difíciles de entender y sólo aptos para cierta población, sino “un espacio de convivencia e inclusión social”, donde todas y todos podamos interactuar y participar, “experimentar vivencias significativas y aprender disfrutando”. Deben crearse poniéndose en el punto de vista de visitantes muy diversos, hasta el punto de “adaptarse y adelantarse a las motivaciones que nos lleven a pensar que merece la pena el esfuerzo de acercarse a este espacio”. (Página 22)
  • En los últimos 35 años se ha producido un giro en la concepción de la discapacidad: del análisis de las limitaciones de las personas con discapacidad intelectual, se ha pasado a relacionar la discapacidad y capacidad con la interacción de las personas con otras y su entorno. Esta evolución del concepto nos ha hecho fijarnos no tanto en las limitaciones de las personas, sino en los apoyos que podemos y debemos darles, en las barreras y discriminación que hemos creado y en la construcción de una sociedad en la que hemos tomado como modelo un perfil único, sin tener en cuenta una amplia diversidad de perfiles. (Página 61)
  • Explicado de otra manera: en lugar de preguntarnos qué tipo de discapacidad intelectual tiene una persona o qué es lo que no puede hacer, o incluso buscarnos una etiqueta científica; podemos qué necesidades tiene, qué barreras se encuentra y cómo le podemos apoyar.
  • Imagina que, en todos los museos con una escalera en la entrada, hubiera un cartel que dijera: “Acceso prohibido a las personas en silla de ruedas”. Imagina que, en todos los museos con obras difíciles de comprender y sin buena señalización e información de las mismas y el espacio en general, hubiera un cartel que dijera: “Tontas y tontos fuera”. La falta de accesibilidad (física, sensorial, cognitiva…) al final es una exclusión que no verbalizamos. No ponemos un cartel de rechazo, pero tampoco estamos incluyendo. (Página 109)
  • Hay espacios que se cierran por falta de seguridad o por insalubridad. Sin embargo, amenazar públicamente con cerrar un espacio o cancelar un evento por motivos de accesibilidad es hoy en día insólito. (Página 114)
  • Hay una muletilla que me suelo encontrar en la vida y me he encontrado en este libro. Hay una cita que dice así: “Para disfrutar de la cultura en cualquier momento de la vida adulta, se necesita poder acceder, lo que equivale a que te den permiso” (página 12). ¿Por qué especifica “vida adulta“? ¿No ocurre igual en la infancia y adolescencia?
  • Una curiosidad que no conocía: una persona con un implante coclear no puede pasar un arco de seguridad. (Página 132)
  • Una demanda del colectivo de personas sordas que llama la atención y en la que posiblemente no hemos caído: piden ascensores acristalados, ventanas en ellos o al menos sistema de vídeo que permita la comunicación en las dos direcciones. Si una persona sorda se queda atrapada dentro, no tiene manera de comunicarse con un interfono. Ocurre lo mismo con los baños. (Página 138)

Acabo con una cita brutal. Varios grupos de personas con discapacidad intelectual participaron en la evaluación de museos que se relata en este libro. Son autogestoras y autogestores, en la Wikipedia podéis leer más sobre qué es esto de la autogestión.

Pues bien, dice así un participante: (página 169)

Soy miembro de un grupo de autogestores y he colaborado en la evaluación de museos para examinar su accesibilidad. La gran reflexión a la que llegué al evaluarlos ha sido que no todo el mundo puede disfrutarlos y me ha dado gran pena ver que la cultura que tenemos en este país no está a disposición de todas y todos por igual. Espero algún día poder visitar un museo en el cual pueda ver a gente sin problemas, con sillas de ruedas y con otros tipos de discapacidades disfrutando de un mismo museo y todos y todas al salir se hayan empapado de lo mismo en igualdad de condiciones.

2 Comments

  1. Moisés

    Hola Olga, aunque creo que llego un poco tarde, gracias por tus comentarios y observaciones. Un abrazo y enhorabuena por este espacio que has creado.u

  2. Olga

    Olga

    ¡Gracias a ti, compi! Otro abrazo para ti.

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