el blog de los proyectos de Olga Berrios

Justicia social

La cosificación en el sector social

don cara enojada - ferrariHace un mes asistí a un curso de Andecha sobre La participación desde los márgenes, es decir, sobre cómo construir participación ciudadana que incluya a personas excluidas. Una de las ideas más interesantes, a la vez que perturbadoras, que me llevo es el análisis sobre la cosificación en el mundo de las ONG y los servicios sociales.

Históricamente, este sistema nace del concepto de la caridad, el cual nunca ha proporcionado ningún derecho automático, sólo la categoría de pobre a quien recibía esa ayuda. De hecho, no sólo se crea esa categoría, sino que se generan otras para decidir a quién se ayuda, generando discriminación entre las personas clasificadas como pobres. Esas personas no tienen voz ni voto sobre esa ayuda, no pueden decidir, así que se convierten en cosa, en objetos, al recibir esa ayuda.

Por otro lado, la pobreza es una construcción social que nace de la sensación de inseguridad: las personas enriquecidas temían que las empobrecidas reclamaran o usurparan sus pertenencias. La caridad es una forma de orden social para buscar un comportamiento en quienes la reciben: acatar la asignación de la categoría, resignación a la situación y actitud sumisa y obediente para que se te considere persona apta para recibir la ayuda.

Las personas han de cumplir una planificación social para considerarse normales o exitosas. Desde las grandes fases como estudiar, trabajar, casarse, adquirir una vivienda, procrear… Hasta fases igual de obligatorias pero de las que somos menos conscientes como disponer de un móvil, viajar, tener muchas amistades y salir a beber alcohol, teñirse, tener un televisor, moverse en coche, adquirir otros bienes de consumo de moda, etc.

Mientras ocurre todo esto, el sector social se ha profesionalizado. Ha establecido valores, sectores, protocolos y mecanismo, deshumanizándose por el camino. El sistema de financiación de sus actividades (subvenciones, cuotas, etc) hace que haya una capa de personas que deciden la ayuda, otra de quienes la ejecutan y otras que son quienes la recibe, y algunas capas más de intermediación.

De esta manera, la mayoría de las personas que trabajamos en las organizaciones sociales tampoco decidimos, sólo ejecutamos. Aparentemente, proyectas la imagen de poder sobre la persona que recibe la ayuda, pero tus decisiones están limitadas a cierto espectro. Los altos cargos esperan de esta capa que contengan a las personas que reciben ayuda y no establezcan vínculos con ellas; y también que resuelvan situaciones casi imposibles, con objetivos a menudo irreales, sin que se produzca una escucha real del análisis y la experiencia de estas y estos profesionales. De hecho, tanto es así que a veces nos vemos convertidas en agentes de marketing, intentando convencer a unas personas para que acepten una ayuda que se ha generado sin consultarles si es lo que necesitan y sin consultarnos tampoco a nosotras. Nos cosifican desde arriba.

Incluso, por otro lado, la persona que recibe la ayuda puede argumentar que ostentas ese trabajo gracias a su existencia. Incluso es posible que exija ciertas cosas. Así que, también nos cosifican desde abajo.

¿Cómo se puede transformar esto?

  • Cambiando las estructuras de las organizaciones, políticas y servicios sociales y el sistema de financiación, buscando, promoviendo y exigiendo otros modelos
  • Desaprendiendo el modelo de planificación vital, los hitos que se consideran como normalidad o éxito, para facilitar la movilidad social, es decir, flexibilizar, eliminar o cambiar las categorías de las personas
  • Tomando una distancia crítica de lo que ocurre
  • Reflexionando sobre el vocabulario que usamos: cómo designamos a quienes reciben ayuda, cómo nos identificamos nosotras/os, etc.
  • Valorando los niveles de participación en cada caso, usando herramientas como la escalera de la participación

 

Imagen: Don cara enojada

Leave a Reply