Hace poco me han contado un caso que me está haciendo pensar mucho. La responsable de un grupo animó a uno de sus cibercorresponsales a hablar de su relación con el alcohol. Tuvieron, según me contaba, un pequeño debate sobre el tipo de artículo a publicar. Porque, además, se planteaban precisamente presentarlo para un concurso de la FAD, cuyo objetivo es reducir el consumo irresponsable de drogas como el alcohol.

Nuestro protagonista acabó publicando un artículo que refleja de manera bastante light su realidad. Se auto censuró. “En Cibercorresponsales, precisamente, le van a mirar mal por su forma de beber”, me comentó la responsable. Las y los cibercorresponsales publican con nick y avatar, pero muchas y muchos de ellos ya se conocen entre sí. Así que, lo que al principio era un espacio de cómodo anonimato para compartir lo que te preocupa, ahora es una comunidad de chicas y chicos que se apoyan, pero que tienen una actitud cargada de ciertos valores que promovemos.

¿Queremos ser eso? Entre esos valores de la comunidad, ¿cómo reforzar el valor de la escucha incluso ante ideas que no te gustan? ¿Queremos que exista esta auto censura? ¿Cómo promover el valor del respeto por las experiencias de las y los demás, aunque no las compartamos? Nos ocurrió también con el caso del artículo homófobo. El chico estaba aportando su punto de vista, evidentemente fuera de la línea habitual en la comunidad, y en los comentarios hubo una reacción casi virulenta contra su opinión. En lugar de producirse un diálogo con él, se provocó que el chico decidiera borrar su blog y abandonar el portal.

¿Seremos capaces en Cibercorresponsales de evitar estos casos de auto censura y crítica impaciente? ¿Cómo?

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