06. PIANO DREAMEstoy leyendo “La seducción de la música” de Christoph Drösser y me gustaría citarlo y comentarlo. Añado negritas, pero no cambio masculinos y femeninos…

A pesar de que cada vez escuchamos más música, la cultivamos y la practicamos cada vez menos.

Supongo que esto también puede estar relacionado con una sociedad que promueve el consumismo sobre la creatividad.

¿Por qué cantar -y hacer música en general- provoca tantos miedos? ¿Por qué lo concebimos como algo tan bochornoso que solo nos atrevemos a hacerlo en la ducha o bajo los efectos del alcohol? La razón reside en un gran prejuicio que predomina en nuestra cultura: que la musicalidad es un “don” que solo poseen unos pocos privilegiados con talento; que es mejor dejárselo a los profesionales; que uno debe adquirir la formación musical de niño y las personas adultas no pueden aprender a tocar un instrumento; que en lo que a la música se refiere, la mayor parte de las personas están destinadas a limitarse a escuchar.

Esta cita está altamente relacionada con otro libro que cité hace unas semanas.

Antes de proceder a exponer las pruebas científicas, quisiera exponer una comparación: todos sentimos una lógica y enorme admiración hacia los deportistas (al menos hacia los que no se dopan), veneramos a los equipos de nuestras selecciones nacionales en sus días buenos, nos fascina la rapidez de los atletas, la gracilidad de las gimnastas y la pericia de los esquiadores. Sabemos que ni siquiera con entrenamiento conseguiríamos ponernos a su altura. Pero ¿tenemos que convertirnos solo por eso en espectadores pasivos del deporte y limitarnos a verlo por televisión?

Es una interesante comparación, pero yo creo que además esto se reproduce en muchos campos de la vida. Por ejemplo: la literatura, la fotografía, la cocina o la comunicación. ¿Quién no se ha cohibido? ¿Cuántas veces has escuchado la excusa “yo no tengo ojo” o “no tengo gusto” o “yo soy de Ciencias”?

Además, creo que esto no sólo se reduce a las personas famosas, sino que también ocurre entre amistades, vecinas, etc. Se trata de comparaciones que a menudo establecemos y que nos autolimitan. ¿Cuántas veces decimos o escuchamos lo de “Yo no podría”?

¡Vale! Tampoco nos vamos a apuntar a todas las posibilidades ni retarnos continuamente hasta la extenuación… Sólo quiero señalar que a veces nos autolimitamos y, en otras ocasiones, nuestras respuestas son inexactas. No es que tú no puedas, quizá es que no es una prioridad o no te motiva lo suficiente.

Por otro lado, creo que también se mezclan las protestas por el instrusismo profesional y la pasión por la profesionalización, a veces no dándonos cuenta de que estos debates pueden estar coartando la creatividad de la población. Pienso que todas estas posturas deberían matizarse: tender a valorar la calidad, pero también promover la creación personal reduciendo los miedos al ridículo.

El culto a la genialidad no solo se limita a encomiar la capacidad de unos pocos, sino que además pone en duda que el resto podamos tener “madera” de artista.

¡Interesantísimo! ¿Nos damos cuenta de esto cuando aplaudimos tanto a quienes seguimos? Me parece que no.

Emocionarnos con la capacidad de una persona creativa (deportista o excelente en lo que sea) no debería dejarnos sentadas, pasivas, sino despertarnos ganas de correr hacia el lápiz, los colores, el saxofón, una raqueta…

[Yo quiero…] romper una lanza a favor de los aficionados y los músicos amateur.

¡¡¡Di que sí!!!

 

Ilustración: Linnéa

NOTA.- Este artículo es de 2013, pero no sé por qué no se había publicado.