La participación infantil y juvenil no se puede reducir a consultar a las y los jóvenes qué quieren y organizarlo. (En el mejor de los casos, en ocasiones ni siquiera se les consulta y se organizan actividades suponiendo qué es lo que les interesa.)

¿Por qué? Esto no es participación: no toman decisiones ni protagonizan ni organizan las actividades. Se trata de un consumo de actividades a la carta.

En demasiados casos, si se les consulta, la respuesta puede resultar harto decepcionante. Puedes llegar a oír el deseo de contar con un “centro comercial con multicine”.

¿Qué ocurre? La respuesta es parte del sistema en el que estamos inmersxs. Es difícil que respondan algo como “quiero un lugar donde pueda desarrollarme, crear, hacer ejercicio, encontrar y dar afecto, aprender, esbozarme un futuro, divertirme mucho y, encima, poder aportar y decidir en la sociedad”.

Posiblemente, debe existir un proceso de revisión antes de esa fundamental consulta. Habrá que comparar sus intereses, demandas y necesidades reales.

Por ejemplo, es posible que su interés sea el hip hop. Que, esto, lo demanden en forma de la propuesta de organizar un festival. Pero, en el fondo, la necesidad (que casi siempre quedará invisible) es el reconocimiento, la autonomía y el afecto.

  • ¿Cómo transmitimos las necesidades? ¿Las identificamos adecuadamente?
  • ¿Cómo se concretan esas necesidades en demandas? ¿Podrán dar solución a esas necesidades o están replicando ideas preconcebidas y convencionales?
  • ¿Las demandas finalmente quedaron en algo superficial o lograron tocar y responder en algo a nuestra necesidad?
  • ¿En la organización y gestión de lo cotidiano (el festival) hemos abandonado la necesidad real (proporción de reconocimiento, afecto y que tengan la autonomía para organizar su actividad)?

Y, lo más importante, ¿cómo lograr que ese proceso de revisión lo vivan y reflexionen ellas y ellos?

 

Apuntes a partir del taller de  Creando Futuro impartido por Antonio Moreno del CRAC.