Esto lo escribí el 9 de febrero de 2003 en mi diario:

Cada lunes voy a ayudar en la parroquia de los Sagrados Corazones. Preparamos bocatas y luego los repartimos a gente sin techo del barrio. La gente es muy maja y conoces casos muy llamativos (…)

Luego fuimos a buscar a otro y, como no venía, le dejamos la comida detrás de una columna, recogida. Es un rincón que tiene pactado con el voluntario. Se me ocurrió que vas por la calle ignorando que quizá estás pisando el salón de un sin techo o que te refugias de la lluvia en la despensa de otro.

Es como si la calle tuviera dos dimensiones: la de los sin techo y la de los con techo.

Ilustración: Hana Jang