“No tengo oído”, “no sé cantar”, “no cojo el ritmo ni con un tambor”… Este texto nos da una tortita a todas las que hemos dicho alguna vez este tipo de frases. ¿Por qué memorizamos y repetimos estas sentencias que nos incapacitan?

Según se dice, las personas son musicales cuando lleva “el ritmo en la sangre”. Lo que parece ser una cualidad singular, es, desde un punto de vista biológico, la condición previa y fundamental de la vida humana: cada latido del corazón hace que la sangre palpite rítmicamente por nuestro cuerpo y determina así el ritmo de nuestra respiración, del compás de nuestra vida.

También nuestro lenguaje sigue un ritmo consistente en sílabas acentuadas y no acentuadas. Por otra parte, las personas hablan con una entonación característica de cada idioma y con un timbre individual.

De hecho, los neurofisiólogos son capaces de demostrar que los seres humanos elaboran del mismo modo la música y el lenguaje en el cerebro. Los científicos del cerebro deducen de ello que todo ser humano lleva consigo tanto una disposición innata al lenguaje como también un potencial musical.

Esto significa que no puede haber incapacitadas para la música, si descartamos disfunciones patológicas extremadamente inusuales, como la amusia.

Las personas que no saben cantar ni tocar un instrumento se califican a sí mismas a menudo como no musicales y, sin embargo, la capacidad individual para ejercitar una actividad musical puede desarrollarse.

Annette Kreutziger-Herr y Winfried Böning en “La música clásica: 101 preguntas fundamentales”. El texto es parte de la respuesta a la pregunta octava de las 101, que es la del título.

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