Ruta del Canal de Castilla 2012

Le he ganado al sol. Me he montado en la bici antes de que saliera. Corro más que él. El cielo clarea tras las nubes. Lentamente, las hojas de los árboles se anaranjan.

Pienso en esto y en aquello. Me cago en quien apuntara en una guía como opción tal camino pantanoso tras el que hay que escalar un terraplén (con bici y alforjas). Me apunto un descanso para el recuerdo: leer asomada al río, junto a la vía del tren.

Sólo me cruzo con lugareños. Nadie cicloviaja. Un señor se preocupa. “¿Te has perdido?”. Me río. Pobres rutas desconocidas. Más adelante, el camino de Santiago y éste se funden durante unos kilómetros. Sospecho que piensa que soy una peregrina. “No, yo soy una canalera”, le respondo mentalmente.

La piscina de Frómista me relaja más que intentar dormir en el albergue. (Reto eternamente pendiente.) La encargada del albergue parece pasar consultorio espiritual a un peregrino.

De nuevo en ruta. Me preocupa la rueda que pinchó ayer. ¿Habrá quedado el arma del crimen incrustrada en la cubierta de la rueda? Compruebo cada poco la presión. También aprovecho a estirar. Hago breves descansos. Ante las largas rectas, pongo la mente en “calma chicha”. Enciendo el reproductor. Grito una canción de Melón Diesel.

Calahorra de Ribas. Ruta del Canal de Castilla 2012

A primera hora, tiros de cazadores estallan. Consiguen subrayar el silencio amarillento de los campos. El paisaje en Calahorra de Ribas es espectacular. El agua parece enfadada porque la despiertan. La lanzan desde esa altura. Arma un estruendo impresionante. Saco una foto. Pero le falta todo ese ruido.

Acomodo los cambios a la marcha de las piernas. El agua del canal brilla. A ratos, apesta. ¿Cuánta gente trabajó en su construcción? ¿Cómo eran sus vidas? Las hojas de los árboles aplauden. Un secarral. Otro pueblo. Girasoles. Una laguna. Patos. Puentes, decenas de esclusas.

Y así, alcanzo mi destino. Lo celebro. Leer, nadar, pedalear… presiento que he ganado en esta inexistente competición.

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