Algo que abra un deseo y cierre una puerta

Sin títuloPor la mañana, cuando el oficial tiene la gorra y las botas puestas, la señora le cepilla la casaca del uniforme en el vestíbulo. El cepillo es tan pequeño que mi madre, cuando aún llevaba poco tiempo en la casa, no lo veía en la mano de la señora. Mi madre se asombraba de que la señora curvase la mano al acariciar al oficial sobre la chaqueta. Hasta que una vez se le cayó el cepillo de la mano. La señora tiene manos muy pequeñas, hasta entonces mi madre había creído que la señora no podía tener en sus manos nada que no se viera. (…)

Y también está la historia del frasquito de perfume, dijo la hija de la criada. La señora lo lleva escondido en su bolso, hace años que está vacío. En el cristal hay una rosa tallada, el tapón fue alguna vez dorado, pero se ha ido desgastando con el uso. En el borde del tapón hay grabados unos caracteres cirílicos, tiene que haber sido un perfume ruso. Hace años estuvo en la casa un oficial ruso del que nunca se ha hablado, uno de ojos azules. (…)

Lo del frasquito ha de ser algo muy especial, algo triste, dijo la hija de la criada humedeciéndose el labio inferior y dejando un momento la punta de la lengua en la comisura de los labios. Tiene que haber sido algo que abra un deseo y cierre una puerta, dijo, pues lo que hace que de la señora una persona solitaria no es la ausencia del marido, sino el llevar siempre consigo aquel frasquito de perfume.

Herta Müller en “La piel del zorro”.



Deja un comentario