Chiyoko percibió el regocijo masculino de aquel joven de su edad, cuya actitud desenvuelta parecía decir: “No hay duda de que le gusto a esta chica”. Esta sensación aumentó su mal humor.

“¡Otra vez lo mismo!”, se dijo. Influida tanto por su carácter como por las películas que había visto y las novelas que había leído en Tokyo, siempre deseaba que, aunque fuese una sola vez, un hombre la mirase y sus ojos dijeran “te quiero” en lugar de “me quieres”. Pero había llegado a la conclusión de que jamás tendría esa experiencia en toda su vida.

Yukio Mishima en “El rumor del oleaje”

Gracias, Abierto

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