merienda de inicio de curso

La mesa repleta de dulces. Algunos, industriales. Los otros, caseros. Dos teteras, latas de refresco, servilletas y muchos vasos. La merienda está servida. “Mi marido está hecho un Tarzán, cualquier día aparezco preñá”, bromea nuestra Montaña. “Ya sé cómo insultar a los españoles -le advierte entre risas a Alberto- ¡payos!”. Estrella duda. Con la operación, no sabe si se recuperá pronto para venir a clase. ¿Y María? Raquel siempre le pregunta a Alberto por ella. “Muy bien, trabajando”. Le hace feliz verle casado. Una señora nueva no acaba de enterarse. “¿Entonces a qué hora vengo?”. Aún os queda miel. Os traigo más. Jose, otro de los profes, siempre tan hortelano. Una bebé sonríe sin medirse, indiscriminadamente. Su mami sigue este año. “¡Cambiadme de grupo!”, la otra Raquel continúa su campaña, cuyo éxito por fin obtendrá. La dinamizadora anunciando novedades, repasando las normas, sondeando sobre próximas actividades. Mientras, lo menos siete personas, en el transcurso de una hora, se asoman por la puerta preguntando por ella. “¡Nos vemos! ¡Tengo que ir a currar”!, Fanny, otra de las profes, se marcha temprano. También hay una profe nueva. Y alguien que busca a la dueña o el dueño de unas llaves. Una de las señoras mayores se bebe el té como si fuera tequila.

Y, más o menos así, da comienzo un nuevo curso con las ladies.