De pequeña sentía fascinación por los relatos sobre extraterrestres. Mundos posibles, otras culturas, contactos curiosos e imaginación al poder.

Más tarde, descubrí y me sorprendió la descripción que alguien hacía de la posible evolución humana: nuestro sedentarismo haría que las extremidades se atrofiasen y nuestro cerebro se desarrollara espectacularmente y también algo parecido a los dedos, de manera que, físicamente, acabaríamos pareciendo algo así como calamares.

Ahora redescubro esta descripción en “La guerra de los mundos” de H. G. Wells, pero apuntando a los marcianos. Nos emparenta con ellos, indicando que posiblemente nuestra futura evolución sea similar a la actual figura que, en su fantasía, les caracteriza:

Vale la pena comentar que cierto escritor de reputación casi científica, que escribió mucho antes de la invasión marciana, profetizó para el hombre una estructura final no muy diferente de la predominante entre los marcianos.

Declaró que la perfección de los adelantos mecánicos terminaría por reemplazar a los órganos, y la perfección de las sustancias químicas, a la digestión; que detalles externos, tales como el pelo, la nariz, los dientes, las orejas, la barbilla, no eran partes esenciales del ser humano, y que la tendencia de la selección natural llegaría a suprimirlos en los  siglos venideros.

Solo el cerebro quedaría como necesidad cardinal. Solo una parte del cuerpo tenía motivo verdadero para subsistir, y con ello se refería a la mano, “maestra y agente del cerebro”.

(…) en los marcianos tenemos la prueba innegable de la supresión del aspecto animal del organismo por la inteligencia.

Pero lo que me impresiona quizá más y quería compartir aquí es cómo esos cuerpos torpes con una inteligencia impresionante diseñan y fabrican máquinas que sustituyen sus incapacidades y trabajan físicamente.

Supo que no eran un simple puñado de criaturas pequeñas y torpes, sino que poseían mentes inteligentes que gobernaban enormes cuerpos mecánicos y que podían trasladarse con rapidez y atacar con tal efectividad (…)

El contraste entre los movimientos rápidos y complejos de estos aparatos y la torpeza de sus amos era notable, y durante muchos días tuve que hacer un esfuerzo mental para convencerme de que estos últimos eran en realidad los seres dotados de vida.

Quizá sean tontas preocupaciones mías. También me recuerda este pasaje a la evolución de las y los humanos de Wall-E. En el caso de esta película, la evolución es hacia una obesidad que imposibilita sus movimientos. También es diferente la evolución intelectual: es practicamente nula. Pasan la “vida” en una especie de prisión entre ese sillón, que les desplaza de un lado a otro, y una pantalla.

wall-e

Esa tecnología satisface sus necesidades (incluso se las indica), les “forma”, “informa” y “relaciona” en un modelo absolutamente consumista.

Un vídeo explicativo: (se entiende aunque esté en inglés, pero es muy significativa la frase final de la señora: “¡No sabía que tuviéramos piscina!”)

Posiblemente, la imaginaria evolución que predice Wall-E tiene aún más que ver con la actualidad que la de Wells, ¿verdad?

Me ha hecho preguntarme: ¿no tienen algunas de nuestras máquinas a veces aventuras y vidas más divertidas que las nuestras? ¿Es éste un post tecnófobo o un alegato introductorio al decrecimiento tecnológico? jajajajajjaa