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el blog de los proyectos de Olga Berrios

Escaparate personal

Intolerancia

Esta viñeta es una de las dosis diarias de Alberto Montt.

Intolerancia

Intolerancia. Últimamente me examino. Me siento así. Intolerante hacia otras intolerancias. Impaciente. Incomprensiva. Impositiva.

Por ejemplo. Me molesta muchísimo que la gente fume cerca. No sé dónde meterme. Me irrita.

También me molesta que parezca que no hay vida más allá de los coches. Que la ciudad sea completamente suya. De forma indiscutible. El peligro, el ruido, la polución, la falta de espacio, los nervios. Eso parece una enfermedad propia de la ciudad. Otra cosa. Los coches, una maravilla.

Me sigo examinando. Me muestro toda esta propia intolerancia y me parece asquerosa.

“Es otra perspectiva”, me pienso. Antes, yo no rechazaba estas cosas. La reflexión avanza sola. Es interesante, supongo, cómo te cambian las ideas algunos estilos de vida. ¿O eran las ideas las que te cambian el estilo de vida? Estilo de vida. ¿No es eso de las revistas de moda? Estilo de vida. ¿No es eso algo que en realidad vas decidiendo de la misma forma en la que compras yogures?

Consulto el plano de Madrid en una parada de autobús. Así decido por dónde seguir.

Me lanzo por tres parques seguidos que apenas conozco. Disfruto dejándome caer a toda velocidad por el carril del parque de la Dehesa de la Villa, una de las mejores cuestas de la ciudad. Las zapatas de la bici protestan.

¿Cuándo escribiré algo un poquito más largo, menos fragmentado que todo esto? ¿Cuando me saldrá algo con un hilo conductor? Algo con cierta enjundia. Con un discurso sólido.

La Ciudad Universitaria. Tengo que volver al jardín botánico, al cine de verano. El Parque del Oeste, otra cuesta abajo. Sigo por la Ribera del Manzanares. Consulto el cielo. Los tonos, la luz de la tarde que se apaga. Observo a dos señoras jugar como niñas con sus perros. Tres niños de tres años de la mano. El chico con una coleta larguísima.

Cuando llego al barrio, me examino y no queda rastro de toda esa intransigencia.

Yo creo que son las cuestas. Son mágicas.

Si no, ¿el qué?

6 Comments

  1. A mí me pasa lo mismo con el tabaco. Y la Nadia más intolerantísima aflora cuando veo a alguien tirar basura en caída libre teniendo a menos de 5 metros una papelera o contenedor. Es algo que ocurre en Málaga más que en otras ciudades, y me exaspera. ¿Es que a la gente le gusta vivir rodeada de mierda? Esto es algo que nunca entenderé, por muy tolerante que me vuelva.

  2. Dora

    Piensa que, si tienes que soportar coches y movidas, es porque vivir en Madrid te aporta otras cosas. No se puede tener todo a la vez.

  3. Luciana

    mmm yo soy intolerante por definicion… pero, como trato de cambiarlo, trato de pensar, cada vez que la ira me carcome: esto me hace mal a mi… y se pasa un poco. Si no lo intento, me lleno de odio…
    abrazos!

  4. @Nadia … Desde luego, hay que ser MUY intolerente con ciertas cosas. A mí lo que más me asquea es la xenofobia y el racismo. Pero claro… también hay que demostrar inteligencia a la hora de expresarse con la gente… y con una misma.

    @Dora Claro que Madrid aporta muchas cosas. Pero, ¿por qué no soñar una ciudad grandísima como ésta en la que la gente al menos se plantee otras formas de moverse?, ¿por qué lo ven tan difícil?, ¿por qué conformarse?

    @Luciana ¡jajajaja! Esto se ha acabado convirtiendo un poco en terapia de grupo, ¿no? Mola porque llevaba tiempo pensando en esto y no me salía el post. Pensé que se me echaría la gente encima con un ¡halaaaa! ¡burraaaa!

  5. Alice

    Te felicito por el blog, lo sigo desde hace un tiempo. Es cierto, ayer lo pensaba… No hay nada como un buen paseo en bici. Funcionan las cuestas y sobre todo, las bajadas sin manos.

  6. Olga

    Olga

    @Alice

    Muchas gracias, Alice. Me gusta que saludes 😀

    Lo de las bajadas sin manos lo voy a practicar más, teniendo en cuenta que se me dislocan los dedos con facilidad jajajaja

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