El visionado frecuente de violencia en las pantallas esboza en muchxs receptorxs el síndrome del mundo miserable, un mundo lleno de gente egoísta, peligrosa, que trata a lxs demás como medios para conseguir objetivos; van cultivándose así en la vida real sentimientos de miedo, inseguridad, necesidad de uso de armas, desconfianza, miedo a salir de casa, deseo de disponer de armas protectoras, sentimiento de enajenación y también de dependencia, abatimiento, victimización…

María del Carmen Gascón en “Comunicando paz”.