Quería decir “a veces” o “últimamente” para encabezar su pensamiento, pero se daba cuenta de que era “siempre” lo que debía decir.

Buscaba palabras para entender lo que sentía. Sentía que su corazón estaba en peligro, que le faltaba un sueño, juego, inocencia.

Se había adentrado tanto en la miseria. En la explotación. Se machababa tanto con lo de intentarlo… Que ya no se conocía como escritora, periodista u observadora. Le atormentaba la sordidez que vaciaba todo de significado.

Desde ahí buscaba descripciones, moralejas y colores. Le hubiera gustado lanzarlas al aire y correr. En la calle, luego, sabía que explotaban todas las burbujas de jabón que se dedicaban a construir.

Se ahogaba en su descreencia mientras caminaba. Aquello era la pobreza, el subdesarrollo. Todo lo que le rodeaba. La foto estaba equivocada. Pero eso era difícil de contar en su periódico.

Esto es una versión de algo que apunté en una hoja hace varios años.