El otro día decidí proponer una división del tiempo de la clase en dos niveles. Así, la última media hora, la dedicaríamos a frases más complejas.

La verdad es que el grupo de menor nivel no se muestra nada entusiasmado, pero también es verdad que es injusto para las que se esfuerzan más o para la que lleva asistiendo a clases años y no le exigen más.

Leyendo algunos artículos sobre alfabetización, me di cuenta de algo que no hacemos en clase: segmentación. Aquello de separar las palabras en sílabas.

Hoy lo hemos probado. Se lo he explicado así: que eran carniceras y que tienen un cuchillo muy grande. Tienen que saber por dónde cortan… las palabras. Y se sabe por dónde cortar con los sonidos. La verdad es que parecen haberlo captado. Pero seguiremos ejercitando.

También ha estado una de las dos chicas nuevas, la egipcia, de profe. Ella sí sabe escribir en su idioma, por eso tiene mayor facilidad.

El caso es que mientras yo leía con otra nueva que está en la fase “aeiou”, ella coordinaba otro ejercicio habitual: después de leer una página, elegir una de las palabras, leerla en alto y que el resto la busquen y circulen. También ha estado corrigiendo y se ha reído mucho cuando le he preguntado si se portaban bien.

El primer día de división por niveles, tres de las mujeres estuvieron haciendo ejercicios. Pero hoy, mientras dictaba la palabra “desayuno” para el segundo nivel, han decidido incorporarse.

Raquel -la más mayor y vivaracha del grupo- ha bromeado conmigo de la envidia de ellas:

– El próximo día voy a venir con minifalda y tanga a ver si también se animan.