Seguimos aprendiendo a escribir y leer. Cuando una sabe poco y ve que la mujer que se sienta al lado lo hace todo mucho más rápido, se desanima. Acaba pasándole su hoja. La mujer de al lado le escribe la palabra. Se queda así tranquila.

Ante este tipo de acto absurdo, Carol pregunta:
– Si Fátima hace gimnasia, ¿Lidia adelgaza?

El otro día les puse ese ejemplo y lo entendieron mejor. Que otra mujer te haga los ejercicios… impedirá que aprendas.

Eso no quiere decir que -a los cinco minutos- la misma mujer estuviera pidiéndole a su compañera que le escribiera la palabra.