Vuelvo de Barcelona, de las jornadas sobre el código ético de la FCONGD. Me han parecido de extraordinario nivel en cuanto a participación, contenidos y -algo que últimamente echo muchos de menos- autocrítica y crítica.

Antes de llegar, en el tren, conocía a Vanesa Raiz, una de las talleristas, que me comentaba algo como esto:

La propia estructura de una organización limita a veces la comunicación que puede hacer.

  • ¿Cómo respiramos en las organizaciones?
  • ¿Seguimos una comunicación tradicional establecida o innovamos?
  • ¿Nuestra estructura organizativa y jerárquica nos limita?
  • ¿Intentamos deconstruir? ¿Vamos más allá de nuestros “peros” (falta de recursos, sentimientos de inferioridad) o nos estancamos en ellos?
  • ¿Imaginamos lo que sería ideal para luchar por eso o tiramos hacia unos objetivos descafeinados empezando a contarnos nuestra historia a partir de los medios de los que disponemos?

Pensad que hablamos de estructuras relacionales, administrativas, etc… pero también mentales.

A veces es interesante proponerse el ejercicio de “matar” a tu organización e imaginar cómo debería ser. A partir de ahí, plantearse si lo que en un principio se ve tan chocante e imposible no es realmente lo más lógico… algo con lo que encima nos estamos autocensurando. No sólo no nos permitimos expresarlo, sino tampoco imaginarlo.