Algunas de las cosas que dijo Susana Corzo, decana de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad de Granada, durante su ponencia sobre participación en la XIII Escuela de Otoño.

Por deformación profesional, antes de abordar un concepto, miro el diccionario de la Real Academia. Ayer acudía además al diccionario de sinónimos y decía que participar es tomar parte en algo. Los sinónimos eran colaborar, cooperar, concurrir, ayudar, intervenir, asociarse, contribuir. Todo eso creo que se queda corto. Creo que participar tiene que ir un poco más allá. Como no lograba entender ese significado, me fui a los antónimos: inhibirse, desentenderse.

Cada vez estoy más convencida de que desde la ciudadanía, la asociación y los voluntariados es la única vía que le queda a esta sociedad para manifestarse y decirle al Estado lo que quiere.

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Estamos poniendo parches y eso es necesario y la Administración lo reconoce y da el valor que tiene al tercer sector. Pero hay que ir más arriba, hay que buscar la fórmula de que esas actuaciones no lleguen a producirse. Necesariamente al final se van a producir pero, ¿dónde se pueden cambiar y aminorar esos efectos y disfunciones de la forma de decidir que tiene el poder público?

Una cosa es la acción inmediata. Una cosa es el atender en el día a día al inmigrante, al necesitado, al condenado, al marginado… eso es fundamental, necesario, porque es lo que os hace visibles. Pero hay que ir más allá. Hay que ir sin ánimo de quitar a los que detentan el poder, porque tienen su función, no estamos hablando de tomar el poder. Pero sí tiene que estar presente en la forma en que ese poder político tome las decisiones.

No son suficientes las estructuras tradicionales que intercomunicaban a la sociedad con el Estado: partidos políticos y grupos de presión. No son suficientes porque la sociedad no se siente representada, porque la sociedad no ve a esas instituciones como organizaciones intermediarias eficaces que trasladen el sentir de esos grupos al Estado y –sin ánimo de sustituirlas- sí que hace falta una mediación mucho más eficaz y eficiente. Ese espacio lo puede ocupar el voluntariado porque tiene legitimidad para hacerlo. No llega al poder, pero está en el día a día, en las necesidades de los ciudadanos y sabe muy bien cuáles son las carencias que urgen.

Es complicado porque puede caer el voluntariado en formar una estructura parecida a lo que son los partidos políticos, sindicatos y grupos de presión y reproduzca sus defectos creando estructuras jerárquicas, creando maquinarias obsesionadas por el poder.

Si vosotros que estáis en el día a día de los problemas de determinados grupos sois los que más experiencia tenéis, sois los más capacitados para decirles a los responsables implementadores de las políticas públicas cómo hay que hacerlo.

Es verdad que necesitamos que desde el espacio político se dé entrada a esa posibilidad. Pero en el momento en que se constituya un discurso fuerte de necesidad de implicarse en el día a día, el político tendrá que responder a la ciudadanía. No olvidemos que son personas, con sus virtudes y defectos, y que quieren votos. Nosotros podemos condicionar esos votos a que esto sea necesario. Y eso hay que decirlo.