A la tierna edad de 7 años, Ángela descubrió que tenía superpoderes. Tenía más energía que el resto, más entusiasmo, corría más, hacía más cosas y mejor… En el barrio, la gente la miraba atónita. Aplaudían sus hazañas. Esperaban que apareciera cuando ocurría cualquier desgracia.
Pero los superpoderes de Ángela eran unos poderes que aparecían y desaparecían de su cuerpo y de su mente a menudo. Sin explicación. Y eso era algo que le preocupaba y atormentaba. No dejaba de preguntarse por qué…
Hasta que un día comprendió. Había una sorprendente condición que le hacía recuperar la fuerza. Los superpoderes sólo funcionaban… cuando lograba convencer a otras personas de que también eran superheroínas o superhéroes.
Entonces comenzó una época de campañas personales. No dejaba de recordarle a la gente que ellas y ellos también podían ver como un lince o contagiar risa histérica a las y los villanos para vencerles. “Tú también podrías hacerlo”, “tú también eres heroína”, “tú también”… Lo repetía tanto que la gente la gente acabó por conocerla como “Supertambién”.
Pero poca gente le hacía caso. A la tierna edad de 9 años, Ángela tenía claro que el lema de esta película bien podría ser “Harta de tantas excusas”.
Supertambién ya se las sabía todas: “No tengo ni tiempo para mí”, “No sé hacer nada”, “Yo no valgo para eso”, “La gente no lo va a entender”, “Es muy duro”… Ahora, Supertambién se dedica a luchar contra todas estas excusas con su humor y un poco de ¿por qué no decirlo? mala leche.
… ¿continuará?
La pinta de aceituna que le he puesto supongo que tendrá alguna explicación freudiana.






























